Por: J.Grio.
Gritos de dolor, gritos de amargura, gritos de desesperanza, gritos de muerte, fueron proferidos por vez última en su existencia.
Azotes y tragedias terribles cayeron cual mazos de hierro incandescente sobre sus ya heridos y desgarrados hombros, su pasos eran cada vez mas lentos y mortales, sus pensamientos, que alguna vez lo hicieron notar la capacidad tan imaginativamente indulgente del hombre, se fueron esfumando como sonidos de la oscuridad
Situaciones ajenas lo hacían recorrer callejones inextricables de un pasado miserable, atestado de gritos terroríficos atrapados entre dos inmensas y tétricas paredes, memorias ocultas alumbraban sus incontables pasos a lo largo del camino hacia su destino. Pasado un instantante despertaba profiriendo palabras que reflejaban el contenido despiadado de sus pesadillas, un conmovedor y atemorizante frío recorría su magullado y agotado cuerpo, desde sus raíces que entran en contacto con la tierra, hasta sus orejas, afortunadas al captar el último latido del viento. Pronto podría reconocer su trágico final.
Miradas fulminantes y pasos cada vez más marcados sobre su espalda hacían más difícil su última voluntad, palpitaciones intensas y desenfrenadas provenientes de su interior dificultaron todavía más su final, el fuego de la piedad comenzó a consumirlo desde sus entrañas, pronto un pequeño charco escarlata comenzó a formarse alrededor de sus pies. Sólo deseaba una segunda oportunidad para vivir .La esperanza de su corazón falló.
Cadenas serpenteaban a su acecho, pronto sus piernas quedaron atadas a ellas, su final estaba a punto de sellarse con lágrimas de nostalgia y arrepentimiento profundo; arrastrado por ellas en complicidad con la muerte, fue llevado lejos, lejos, lejos, cada vez más, y más, y más lejos, hasta que los rastros de su cuerpo y su alma dejaron de percibirse y su corazón dejó de latir para conservar el dolor; pronto la tierra comenzaba a reclamarlo pero nadie la oía, el silencio trataba de calmar la disputa causada entre ambas fuerzas, mientras esperan ansiosas su próximo arribo a este mundo.
La pena embargada espera sobre una roca, a la sombra de la muerte, y entre sus manos un pedazo de esperanza que se encontraba perdida.
DICIEMBRE 2011
Gritos de dolor, gritos de amargura, gritos de desesperanza, gritos de muerte, fueron proferidos por vez última en su existencia.
Azotes y tragedias terribles cayeron cual mazos de hierro incandescente sobre sus ya heridos y desgarrados hombros, su pasos eran cada vez mas lentos y mortales, sus pensamientos, que alguna vez lo hicieron notar la capacidad tan imaginativamente indulgente del hombre, se fueron esfumando como sonidos de la oscuridad
Situaciones ajenas lo hacían recorrer callejones inextricables de un pasado miserable, atestado de gritos terroríficos atrapados entre dos inmensas y tétricas paredes, memorias ocultas alumbraban sus incontables pasos a lo largo del camino hacia su destino. Pasado un instantante despertaba profiriendo palabras que reflejaban el contenido despiadado de sus pesadillas, un conmovedor y atemorizante frío recorría su magullado y agotado cuerpo, desde sus raíces que entran en contacto con la tierra, hasta sus orejas, afortunadas al captar el último latido del viento. Pronto podría reconocer su trágico final.
Miradas fulminantes y pasos cada vez más marcados sobre su espalda hacían más difícil su última voluntad, palpitaciones intensas y desenfrenadas provenientes de su interior dificultaron todavía más su final, el fuego de la piedad comenzó a consumirlo desde sus entrañas, pronto un pequeño charco escarlata comenzó a formarse alrededor de sus pies. Sólo deseaba una segunda oportunidad para vivir .La esperanza de su corazón falló.
Cadenas serpenteaban a su acecho, pronto sus piernas quedaron atadas a ellas, su final estaba a punto de sellarse con lágrimas de nostalgia y arrepentimiento profundo; arrastrado por ellas en complicidad con la muerte, fue llevado lejos, lejos, lejos, cada vez más, y más, y más lejos, hasta que los rastros de su cuerpo y su alma dejaron de percibirse y su corazón dejó de latir para conservar el dolor; pronto la tierra comenzaba a reclamarlo pero nadie la oía, el silencio trataba de calmar la disputa causada entre ambas fuerzas, mientras esperan ansiosas su próximo arribo a este mundo.
La pena embargada espera sobre una roca, a la sombra de la muerte, y entre sus manos un pedazo de esperanza que se encontraba perdida.
DICIEMBRE 2011
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