Por: Iarem Sai.
Amanece, siento mi hormigueante cuerpo temblar, no puedo abrir los ojos, sólo la intuición me dice que ya es de mañana, que ya es un nuevo día.
No siento mis dedos, ni las yemas, ni mucho menos mis pies helados. Me estiro para alcanzar mi cobija, esa que será mi refugio y así dejare de sentirme opacada y atrapada por este frío implacable. La alcanzo y la jalo con la poca fuerza de mis músculos dormidos, me acurruco y poco a poco regresa la vida a mi helado cuerpo.
Sensaciones van, sensaciones vienen, solo sé que estoy bien, que estoy con vida. Comienzo a mover mis pulgares, la calidez me alcanza poco a poco, volteo mi delicado cuerpo, lo ruedo como tronco en mi lúgubre y suave cama.
¿Qué me esperara este día? Seguramente lo de siempre.
Mi felicidad infinita, mi colección de muñecas; sentadas, sonrientes, impecables, esperando a regalarme los colores vividos que hay en sus vestidos. En cuanto yo abra los ojos, ahí estarán, esperando por mí. El retrato de mis padres, recordando con sus grandes sonrisas inmóviles, plasmadas en papel, su amor inmenso, su vida dedicada a mí y a mis caprichos, sus ojos brillantes de mi madre, apunto de guiñar su ojo izquierdo, así como hace siempre que quiere demostrarme que está de mi lado, y ese ceño particular de mi padre, dándome con esas enormes manos y el olor a lavanda impregnado en su suéter, esa sensación de sentirme segura.
¿Qué hora será? ¿Ya será tarde para la escuela? Mi corazón víctima de un sobresalto. ¡Llegaré tarde!, tuve que resignarme a dejar mis pensamientos y la comodidad de mi lecho, la calidez de mi rosa edredón y el pestañeo suave de mis párpados totalmente cerrados.
Abrí los ojos, ¡No puede ser!. Un sueño, sólo un sueño. ¿Cuándo dejare de soñar despierta? Ni muñecas, ni cama. Ni rastro de padres amorosos, ni edredones rosas.
- ¡Ya perdiste cuatro semáforos María! -Apresurada levante mi caja de dulces, sacudí mis rotas y polvorientas mallas. Esperé al siguiente semáforo, y me dirigí a la avenida repleta de autos, soñadora y esperanzada como siempre.
Levanté mis cartones, los acomodé en el primer puente y me dispuse a soñar como siempre.
Tal vez y sólo tal vez, hoy en esta noche tenga la suerte de dormir arropada. Arropada por un rosa edredón suave.
DICIEMBRE 2011
Amanece, siento mi hormigueante cuerpo temblar, no puedo abrir los ojos, sólo la intuición me dice que ya es de mañana, que ya es un nuevo día.
No siento mis dedos, ni las yemas, ni mucho menos mis pies helados. Me estiro para alcanzar mi cobija, esa que será mi refugio y así dejare de sentirme opacada y atrapada por este frío implacable. La alcanzo y la jalo con la poca fuerza de mis músculos dormidos, me acurruco y poco a poco regresa la vida a mi helado cuerpo.
Sensaciones van, sensaciones vienen, solo sé que estoy bien, que estoy con vida. Comienzo a mover mis pulgares, la calidez me alcanza poco a poco, volteo mi delicado cuerpo, lo ruedo como tronco en mi lúgubre y suave cama.
¿Qué me esperara este día? Seguramente lo de siempre.
Mi felicidad infinita, mi colección de muñecas; sentadas, sonrientes, impecables, esperando a regalarme los colores vividos que hay en sus vestidos. En cuanto yo abra los ojos, ahí estarán, esperando por mí. El retrato de mis padres, recordando con sus grandes sonrisas inmóviles, plasmadas en papel, su amor inmenso, su vida dedicada a mí y a mis caprichos, sus ojos brillantes de mi madre, apunto de guiñar su ojo izquierdo, así como hace siempre que quiere demostrarme que está de mi lado, y ese ceño particular de mi padre, dándome con esas enormes manos y el olor a lavanda impregnado en su suéter, esa sensación de sentirme segura.
¿Qué hora será? ¿Ya será tarde para la escuela? Mi corazón víctima de un sobresalto. ¡Llegaré tarde!, tuve que resignarme a dejar mis pensamientos y la comodidad de mi lecho, la calidez de mi rosa edredón y el pestañeo suave de mis párpados totalmente cerrados.
Abrí los ojos, ¡No puede ser!. Un sueño, sólo un sueño. ¿Cuándo dejare de soñar despierta? Ni muñecas, ni cama. Ni rastro de padres amorosos, ni edredones rosas.
- ¡Ya perdiste cuatro semáforos María! -Apresurada levante mi caja de dulces, sacudí mis rotas y polvorientas mallas. Esperé al siguiente semáforo, y me dirigí a la avenida repleta de autos, soñadora y esperanzada como siempre.
Levanté mis cartones, los acomodé en el primer puente y me dispuse a soñar como siempre.
Tal vez y sólo tal vez, hoy en esta noche tenga la suerte de dormir arropada. Arropada por un rosa edredón suave.
DICIEMBRE 2011
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