30 dic 2011

Pobre Corazón

Por: Manuel León.

- En ese momento, te vi.

Marco terminaba la anécdota de la primera impresión que le dejo su novia Alexia. Ella lo miraba sonriente con los ojos llorosos. Sentía que su corazón latía diez veces más rápido y su respiración disminuía proporcionalmente. La voz de su amado era un nuevo bautizo para ella.

- Eres increíble – le dijo besando sus pequeños labios.

No pasó mucho tiempo antes que debieran despedirse.

Él regresaría a su casa por un sendero diferente, pero Alexia pasaría por el infierno sin notarlo.

Camino a su casa, Alexia pasaba junto de personas tiradas en el suelo por culpa del alcohol, algunas no recordaban en dónde estaban. Las mujeres pidiendo unas monedas con su mano derecha mientras intentan cargar a su hijo con la otra. El niño con la cara quemada por el Sol, sin ánimos para sonreír o saber lo que significa dicho verbo. Incluso junto personas que por razones del maldito destino, deben pedir ayuda con sus gritos silenciosos, los cuales se encuentran en sus miradas perdidas.
- Por el amor de Dios, ¿podría darme algo?

Preguntaba una anciana; su cabeza cubierta por un “chal” de colores y usando un vestido de tela sumamente delgada, no eran suficiente para cubrirla de la fuerza del invierno. Pero a ella, sólo le importaba extender su mano; con las articulaciones desgastadas, las uñas largas y unas manchas de mugre por tanto tiempo en el suelo.

Alexia pasaba de largo, ignorando sus palabras. Ella camina despreocupada mientras el infierno se mostraba a su alrededor.

Al pasar junto de un edificio cuyas paredes estaban tapizadas con carteles de “CLAUSURADO”: un hombre sentado en la banqueta miraba el suelo con tristeza.

- ¿Qué le diré a mi hijo? – decía derramando lágrimas en el pequeño charco debajo suyo, éste podría confundirse con un pequeño mar de lagrimas – ‘Estamos en la “banca rota”’ – Pensaba por otro instante mientras limpiaba sus lágrimas – O tal vez, ‘Cariño, la calle será demasiado para nosotros’.

El hombre aflojó su corbata, se la quitó y la lanzó al suelo. Después se fue caminando con la cabeza baja y sus manos en los bolsillos de su pantalón. Alexia no lo sabía, pero aquel hombre no llegaría a su casa sólo para atarse una soga al cuello y saltar.

Al pasar junto de un comercio de televisores, las noticias anunciaban:
- No hay de qué preocuparse, el dinero nos sobra.

Si Alexia hubiese visto lo que ocurría a su alrededor, tal vez sabría que ese comercial era una falacia tan grande y extensa con la Muralla China.

Pero Alexia sólo recordaba las palabras de Marco y su juramento de amor hacia ella. Nada más le importaba. Ella vivía en la nube más confortable de la Tierra, dónde seguramente; el próximo en echarse una soga al cuello sería su padre, la anciana pidiendo limosna sería su madre, y la mujer cargando un niño mientras pide una moneda con la otra: ella.

Porque Alexia regresaba de tener relaciones sexuales con Marco. Las cuentas de la empresa donde había invertido su padre se iban abajo. Y su madre, tan acostumbrada a los lujos, enloquecería al saber que pronto verían el infierno que tenemos junto de nosotros: la pobreza.

Todo ese infierno sería acompañado de una melodía comúnmente conocida como: El Cascanueces.

“Miremos a nuestro alrededor, nuestro semejante también es un ser humano.” -


DICIEMBRE 2011

19 dic 2011

El atropellado.

Por: R.R.

Despiertas en la cama de un hospital y das gracias por aún estar vivo, pero sobre todo, por estar en un hospital. Por vez primera no tendrás que soportar ese frío que te destroza hasta los huesos del invierno de Quebec.

Recuerdas la tarde anterior, cuando te paseabas frente al lugar donde ahora te encuentras, como escuchaste hablar a una señora sobre lo horrenda que era la comida, lo incómodas que eran las camas y como la televisión no era por satélite. Pensabas “Comida gratis, una cama… y tener televisión! Que daría yo…” Que darías por no tener que hurgar la basura, por no tener más que un cartón viejo y una sábana roída; y claro, por ver televisión, como la gente que tiene casa, como la gente que tiene automóvil, como la gente que te mira con desprecio cuando pasa a tu lado…

Fue cuando decidiste internarte en el hospital pero, como? Primero debes estar enfermo, de algo que haga peligrar tu vida para que te admitan. O haber sufrido un accidente, haber sido atacado o algo así. Pero tu salud es buena, incluso para alguien pobre como tu; el frío y la calle te han hecho fuerte. Y quien te atacaría, si no tienes nada que ofrecer, ni te metes con nadie, y mas si la gente ni mirarte quiere, como sería capaz de hacerte daño. Tienes que accidentarte.

Lo piensas, tal vez cayéndote de un árbol o de una escalera. No, eso no es suficiente. Ves los autos pasar y te decides. Ser atropellado seguramente será suficiente para que te lleven a un hospital, pero temes morir en el intento, o que por ser pobre nadie te socorra y te dejen solo en el helado pavimento. Lo meditas un poco y te das cuenta de que vale la pena intentarlo, en fin, si mueres no pierdes mucho.

Mas como vencer ese impulso de supervivencia propio del ser humano? Como hacer que te atropellen? Para que no frenen, que no volanteen, que te golpee el auto y al menos te rompa un hueso. Caminas un poco hasta que llegas a una vía rápida, ves como a los autos se les dificulta frenar por el hielo del camino. Sabes que esa es tu oportunidad. Cierras los ojos, piensas en la comida, en la cama y en la televisión que te espera. Y así, con los ojos cerrados te lanzas corriendo hacia la calle. Solo escuchas un claxon que se acerca, el rechinido de las llantas y luego nada.

Ahora estás en el hospital, te preguntan tu nombre y si intentaste suicidarte. No importa lo que respondas, eres un fantasma para la sociedad y no importa si vives o mueres. Tienes tres costillas y un brazo fracturado, un pulmón perforado y una contusión. Pero no importa, estás en una cama caliente, te dan tres comidas al día y tienes una televisión para ti solo.

Sabes que no durará para siempre, y que no te dejarán entrar a ese hospital otra vez si lo intentas de nuevo, seguramente te curarán y enviarán a la cárcel. La cárcel… cama, comida, techo… Tal vez, cuando te cures, en vez de buscar que alguien te lastime, tu lastimes a alguien…


DICIEMBRE 2011

Una noche

Por: Alexpor.

Te gusta pasear de noche. Con el ajetreo de los automóviles, el ruido de los pobladores, las luces que denotan el esplendor de la ciudad. Tienes hambre, pero qué importa si tienes la oportunidad de pasear de noche.

El bullicio, las compras nocturnas, el cielo oscuro que fomenta esperanza; caminas y te sientas en la esquina, te quitas la boina, la sacudes, le soplas un poco, debe estar presentable.

La sinfonía que crea el andar de las personas; algunos tropezones por la irregularidad de la calle, las sonrisas hipócritas que se dan unos a otros, buscando más bien el contenido de las cajas con listones y forradas con papel para regalo. El eco de las monedas de a peso, que se caen accidentalmente de los bolsillos; algunos las recogen, otros las dejan ir, algunos otros no se percatan de la pérdida. Algunas veces te estiras para alcanzar el dinero, otras tantas tienes que desistir.

Recuerdas aquella vez, en la que el señor de gafas quería comprar un periódico con un billete de cien pesos, el del puesto de periódicos no tuvo suficiente cambio. Ya se retiraba el señor, cuando lo detuvo el vendedor:

―Permítame, ahorita se lo cambio.

Se acercó a la señora que compite contigo, le dijo unas palabras por lo bajo, la señora levantó su rebozo con mucha precaución y sacó dos billetes de veinte, uno de cincuenta y una moneda de cinco pesos.

―Hay veces que se lleva más que yo― dijo el vendedor al entregarle el cambio a su cliente.

Recuerdas el incidente con una sonrisa, piensas en la buena vida de aquella mujer, que siempre trae niños diferentes para dar lástima. A veces vende alegrías, y sin embargo, nunca puede calmar al niño. En ocasiones le ayudas a cuidarlo, sientes compasión por el pequeño, él no tiene la culpa de vivir así, o de no vivir.

Por fin te llegan ganancias. Pedir limosna es una ocupación deshonrosa, siempre los has pensado, por lo que sólo bajas la cabeza y estiras la boina; no mereces ver los ojos de los que se apiadan. Son diez pesos en pequeñas monedas, te pones la boina y la aprietas para que no se salga el dinero. Hay que cuidarlo, hace mucho que no comes.

Escuchas a la señora de la competencia:

― ¡Me regala una moneda, por favor!

Estira su bandeja para que le hagan caso; ella disfruta su ocupación.
La calle comienza a vaciarse.

― ¿A dónde va vecino? ¿Ya reunió suficiente? ―te pregunta con hipocresía.

― Sí, a ver para qué me alcanza.

El niño llora, te conmueves, no soportas el llanto del infante.

― Ha de tener hambre ―sugiere ella.

Te apiadas, lo recoges sin decir palabra. Sabes que diez pesos sólo va a alcanzar para él. Te lamentas…sabes que hace mucho que no comes…

“¿Qué importa? Te gusta pasear de noche”


DICIEMBRE 2011

17 dic 2011

Monstruos

Por: L. Carolyn.

Lento… el tiempo pasa muy lento para los que no tiene nada que decir, para los que no son escuchados, simplemente pasa muy lento para los que no poseen nada en absoluto.

Las calles están llenas de seres que van y vienen ciegos de su alrededor, los objetos que los rodean los absorben, toman más importancia a estos que a las demás personas que están a su alrededor, si es que podemos llamarlas personas, porque ya no lo parecen, después de estar años vagando por las calles, se que ya no son personas, son solo seres controlados por la sociedad y el materialismo, que gastan lo innecesario en cosas que a veces no necesitan, gastan justo frente a nosotros, cosas que no tenemos, y que tal vez nunca tengamos.

Y pasan las noches y la ciudad se ilumina frente a mis ojos, las calles se llenan de luces, y comienzan a verse guirnaldas colgadas de las ventanas, y salen más de ellos con costosos objetos.

El frió azota nuestra piel congelándola al contacto, pero ya nos hemos acostumbrado al frío, al viento, a la soledad en la que vivimos, y a diario pasa uno de esos monstruos , uno de esos seres a los que no les veo forma a los que tienen millones de cosas rodeándolos, tan atascados de cosas están que ya no sienten, ya no respirar, me pregunto si seguirán vivos, o ¿solo se mueven gracias a todas esas maquinas que traen encima?, van hablando por teléfono desconectados de todos o enviando mensajes, o jugando, o simplemente pasan horas sentados frente a esas pantallas que les roban poco a poco las ideas, ellos no lo ven, pero yo puedo verlo, del otro lado de las ventanas, se van volviendo menos humanos, solo miran atentamente, no piensan en nada.

Algunos nos tiran una que otra moneda, pero, otros solo pasan y te avientan miradas de repulsión, yo veo en sus ojos como desean que desaparezcamos lo mas pronto posible. Pero aun queda esperanza, he conocido personas que no desean que nos esfumemos, son seres que aun son humanos que todavía se dan cuenta de lo que hay a su alrededor, que no viven dentro de un mundo regido por la economía, por el materialismo, por el consumismo, por la presión del tiempo, seres que aun que tienen más que nosotros, nos ayudan en lo que pueden.

Pero yo sigo aquí tirado en la calle, viendo a los monstruos salir y entrar de enormes plazas, atascados de cosas que no les son esenciales, y sigo repitiendo: ya me he acostumbrado al hambre, al frio, al desprecio, simplemente a ser pobre.

Solo me pregunto ¿Cuánto más aguantare?


DICIEMBRE 2011

13 dic 2011

Sobre los magos y su relación con los semáforos

Por: Isis Espinoza Robles.

Amo los circos, siempre lo hecho. Desde que tengo memoria.

Verán, mi padre también era un amante de los circos, incluso escribió un libro sobre ellos. Me heredo el amor por la fantasía circense, supongo.

Entonces, mientras se pone el semáforo en rojo, les contaré cómo fue mi encuentro con el circo. Mi encuentro real, dejemos lo metafórico a un lado.

Cuando era pequeña no soñaba con ser princesa. Era triste ¿saben? ¿Para qué ser princesa? Las princesas nunca hacen nada, no viven, no experimentan. Todo se los cuentan. Y yo quería contar. Así que decidí ser maga.

Una maga que viaja con el circo. Y platica, y juega a las cartas. Y conoce.
Una maga capaz de jugar con la realidad. Siempre me ha gustado jugar. Me parece muy importante.

En fin, iba en el metro. Jugando, como siempre, con las estaciones. Y las personas esperando a las estaciones; muy ansiosas. No sé cómo sea dónde viven ustedes, pero aquí todos son muy ansiosos.

No quise llegar a mi casa, las magas son libres. Les roban la libertad a las palomas que salen del sombrero, ¿sabían eso? Pobres palomas. Ni modo, hay que sacrificar cosas. Eso lo aprendí después.

Así que no llegue a mi casa. Me fui, compré un dulce y camine rumbo al circo.
"¡Quiero ser maga!" les grité al entrar. Creo que se espantaron un poco. Luego rieron.

Por azares del destino, me aceptaron. Pero no como maga. Mi trabajo era limpiar.
Me gustaba limpiar. Me gustaba cualquier cosa que me mantuviera dentro del circo.

Fueron tiempos difíciles, casi no comía. Y ya no era divertido. Siempre estaba sucia. No es que me molestara estar sucia, es sólo que me sentía rara cuando las personas me señalaban y se alejaban de mi. Por el olor supongo, espero.

Yo no entiendo porque se alejaban. Todos olemos y somos sucios. Hipócritas.
A veces, por ejemplo, escuchaba a las personas lamentándose de mi situación.
"Pobrecita, la explotan"

Sigo sin entender eso. Yo nunca explote. Y nunca me explotaron. En el circo no se usan las bombas. Que locura.

También me invitaban a comer, me daban dinero. No entiendo. ¿Para qué?

Si bien la vida en el circo no es fácil, no necesitaba dinero. En cualquier momento podía ir a casa.

Pero no podía. Mi casa era el circo.

Si bien seguía jugando no pude ser maga de circo. Me rendí demasiado pronto. Me desesperé, creo.

Y aún así, no quería volver a casa. Yo ya no tenía casa. Ahora que el circo se había acabado no tenía a dónde ir.

Finalmente establecí mi propia casa. Era muy bonita. Y había palomas por ahí, libres. Lejos del yugo del sombrero. Yo no quise domarlas, mi tiempo como maga había terminado.

Tenía cartón, y periódico. Seguía sucia, pero al final una se acostumbra a las miradas petulantes de la gente. Gente perfumada que siempre tiene prisa. Que perdida de tiempo. Esconden su naturaleza.

Yo no quería esconderme. Y no lo hice. O al menos eso me digo en las noches, cuando no puedo dormir.

Tuve que conseguir un trabajo. No podía seguir de ociosa. Sólo las princesas son ociosas, y yo no quería ser una princesa.

Así que me puse a trabajar. Limpiando la suciedad. Irónico ¿no? Pero ¿qué le vamos a hacer? A las personas les gusta tener todo limpio. Creen, ingenuamente, que eso les dará claridad, estabilidad. Ni modo, hay que respetar las creencias ajenas. Y como sus creencias me alimentaban, pues lo aproveché.

Limpio vidrios. Es un trabajo muy bueno. Me permite jugar. Ser maga de nuevo. Los semáforos dan mucha libertad. Un alto puede durar un minuto. Puede durar dos, tres vidrios limpios. Puede durar un acto de magia, una presentación de malabarismo. Un alto dura un buen chiste.

A mi me gustan mucho. Y respeto a los conductores que no quieren jugar, se entiende. Tienen sus propios juegos: llegar temprano al trabajo, no pelearse con la novia, comprar una televisión a meses sin intereses, ver si sus celulares son lo suficientemente modernos y caros.

Es curioso, porque sus juegos cambian con el tiempo. Al principio son los juguetes y una serpiente enrollada que, por lo que he escuchado, pertenece a unos reyes. Le dicen rosca. Luego es el amor, siempre el amor. Pero no el amor como nosotros lo conocemos, su amor es extraño. Es en un sólo día y se compone de papel y palabras repetidas. También de regalos.

Otro juego es el de los tres colores y los gritos. En ese juego se grita mucho. No entiendo bien en qué consiste, tiene que ver con la historia, dicen.

El que más me gusta es el último, se trata de comer mucho y otra vez de regalos. Les gustan mucho los regalos. También tienen uvas, son como fichas que intercambian por cosas que quieren hacer, pero nunca hacen. Me parece muy absurdo, si uno quiere hacer algo, lo hace sin necesidad de fichas, aunque lo entiendo. Así son los juegos.

Yo no participo de los juegos, yo me dedico a limpiar y a esconder lo que no quieren que los demás vean.

Vivo bien. Después de todo no soy como ellos. Yo soy una maga. Y ser una maga es una gran tarea. Digna de vivirse a diario.

Lo mejor es que no soy princesa. Es muy triste ser princesa, yo creo que eso es lo que ellos son. Princesas y príncipes. Con unos castillos que son cárceles disfrazadas. Con lo mucho que les gusta disfrazarse y esconderse.

Pero bueno, se ha puesto el alto de nuevo y yo debo ir a hacer magia.
Con su permiso.


DICIEMBRE 2011

7 dic 2011

Despertar.

Por: Yunn.

Camino por las calles con lentitud, mientras la lluvia cae sobre mi cuerpo. Tiemblo al sentir al frio aire burlarse de la humedad de mis ropas, de mi piel. Mis cabellos enredados se llenan de agua y mi rostro comienza a recuperar su color natural.

Cuando era más pequeña me gustaba sentir la lluvia contra mi ser. Corría a través de las calles, riendo. No importaba nada, no era consiente de mi situación aún, no tenía preocupaciones.

Un día intuí que era diferente. Al acercarme a un grupo de niños, deseosa de jugar con ellos, se alejaron de mí. Taparon sus narices y, con gestos altivos, se alejaron. Una niña me miró con curiosidad y me sonrió. Se me acercaba lentamente, pero se detuvo al sentir a otra sujetarle de la mano y susurrarle algo. En ese momento la niña viró y se fue. Me dejaron sola.

Al día siguiente la niña regresó. Sus cabellos estaban limpios, a comparación de los míos. Los de ella eran del color del sol, brillaban y su rostro angelical me sonreía. Jugué un rato a su lado; cuando uníamos nuestras manos notaba que las de ella eran blancas como la nieve, mientras que las mías eran casi negras, como las cenizas. Ignoraba el hecho.

Se llamaba Sarah. Es la única niña que he osado llamar amiga en este corto y tortuoso tiempo de vida. Aún recuerdo sus vestidos tan cuidados, sin ningún parche, más bellos que los míos. También sus zapatitos, que cambiaban día con día. A veces eran blancos, a veces negros, a veces azules.

Nunca olvidaré esos moñitos que anudaban sus coletas.

Transcurrió un tiempo, hasta que decidió llevarme a su casa un día en que la lluvia caía y mojaba nuestras pestañas. Admiré su enorme hogar con fascinación y comprendí que yo no tenía un lugar parecido. Que éramos diferentes, porque ella tenía un techo y yo dormía en las calles, sufriendo de frio.

Fresca en mi memoria se encuentra el rostro asqueado de su madre al verme y sus gritos contra su hija: “¿De dónde has sacado la idea de que puedes traer a casa a repugnantes niñas como esta? ¿No captas su horrible olor?”

Huí de los alaridos y amenazantes puños de la mujer. Jamás volví a ver a Sarah, hasta hoy.

Ella había crecido, también yo. Sus cabellos rubios ya no eran largos y tampoco los sujetaba con moños. Había cambiado los vestidos por un par de jeans y sus zapatitos por un par de tenis converse. Sin embargo, era ella. Lo sabía por ese brillo peculiar de sus ojos.

No me reconoció. En su rostro mostró un gesto de desagrado con mi presencia en su campo visual. Me decepcioné. Desperté, entendí porque personas como ella no me quieren: Soy pobre. No tengo un hogar, ni familia, ni ropa, no sé hablar.

Pero, a pesar de toda una vida en este estado, me pregunto porque la gente me rechaza, me grita, me maldice, trasgrede mis derechos. Creo que han olvidado que, a pesar de ser víctima de una pobreza inmensa, sigo siendo un ser humano.


DICIEMBRE 2011

5 dic 2011

Arropada

Por: Iarem Sai.

Amanece, siento mi hormigueante cuerpo temblar, no puedo abrir los ojos, sólo la intuición me dice que ya es de mañana, que ya es un nuevo día.

No siento mis dedos, ni las yemas, ni mucho menos mis pies helados. Me estiro para alcanzar mi cobija, esa que será mi refugio y así dejare de sentirme opacada y atrapada por este frío implacable. La alcanzo y la jalo con la poca fuerza de mis músculos dormidos, me acurruco y poco a poco regresa la vida a mi helado cuerpo.

Sensaciones van, sensaciones vienen, solo sé que estoy bien, que estoy con vida. Comienzo a mover mis pulgares, la calidez me alcanza poco a poco, volteo mi delicado cuerpo, lo ruedo como tronco en mi lúgubre y suave cama.
¿Qué me esperara este día? Seguramente lo de siempre.

Mi felicidad infinita, mi colección de muñecas; sentadas, sonrientes, impecables, esperando a regalarme los colores vividos que hay en sus vestidos. En cuanto yo abra los ojos, ahí estarán, esperando por mí. El retrato de mis padres, recordando con sus grandes sonrisas inmóviles, plasmadas en papel, su amor inmenso, su vida dedicada a mí y a mis caprichos, sus ojos brillantes de mi madre, apunto de guiñar su ojo izquierdo, así como hace siempre que quiere demostrarme que está de mi lado, y ese ceño particular de mi padre, dándome con esas enormes manos y el olor a lavanda impregnado en su suéter, esa sensación de sentirme segura.

¿Qué hora será? ¿Ya será tarde para la escuela? Mi corazón víctima de un sobresalto. ¡Llegaré tarde!, tuve que resignarme a dejar mis pensamientos y la comodidad de mi lecho, la calidez de mi rosa edredón y el pestañeo suave de mis párpados totalmente cerrados.

Abrí los ojos, ¡No puede ser!. Un sueño, sólo un sueño. ¿Cuándo dejare de soñar despierta? Ni muñecas, ni cama. Ni rastro de padres amorosos, ni edredones rosas.

- ¡Ya perdiste cuatro semáforos María! -Apresurada levante mi caja de dulces, sacudí mis rotas y polvorientas mallas. Esperé al siguiente semáforo, y me dirigí a la avenida repleta de autos, soñadora y esperanzada como siempre.
Levanté mis cartones, los acomodé en el primer puente y me dispuse a soñar como siempre.

Tal vez y sólo tal vez, hoy en esta noche tenga la suerte de dormir arropada. Arropada por un rosa edredón suave.


DICIEMBRE 2011

Tema del Mes: La Pobreza.


Este mes se caracteriza por los todo lo relativo a la navidad y el año nuevo, los arboles adornados con esferas de mil colores, las cenas en familia, los fuegos artificiales, los buenos deseos, las casas iluminadas con cientos de focos y los regalos que se dan al por mayor a nuestros seres queridos.

Pero esta fiesta, que inició como una celebración religiosa, ha derivado en el consumismo masivo que lleva a la gente a gastarse todo su aguinaldo en juguetes, alimentos, adornos y demás, haciendo del siguiente año un reto para pagar las deudas. Mas hay gente que no puede participar de esta tradición, que no recibe obsequios ni cenas fastuosas y que simplemente lucha por sobrevivir al frío que azota las calles.

Por lo que éste será el tema que corresponde al mes de diciembre: la pobreza. Queremos hacer un contraste entre la opulencia y el derroche de estas fiestas, con aquellas familias que a duras penas pueden comer algo. Así pues, escribamos sobre la pobreza, no solo ambientada en este país o en estas fechas, ya que el pobre es pobre aquí y donde sea, todo el año por igual.

Por favor, recuerda leer nuestras reglas de publicación en el siguiente enlace: Reglas de publicación. 

El silencio.

Por: J.Grio.

Gritos de dolor, gritos de amargura, gritos de desesperanza, gritos de muerte, fueron proferidos por vez última en su existencia.

Azotes y tragedias terribles cayeron cual mazos de hierro incandescente sobre sus ya heridos y desgarrados hombros, su pasos eran cada vez mas lentos y mortales, sus pensamientos, que alguna vez lo hicieron notar la capacidad tan imaginativamente indulgente del hombre, se fueron esfumando como sonidos de la oscuridad

Situaciones ajenas lo hacían recorrer callejones inextricables de un pasado miserable, atestado de gritos terroríficos atrapados entre dos inmensas y tétricas paredes, memorias ocultas alumbraban sus incontables pasos a lo largo del camino hacia su destino. Pasado un instantante despertaba profiriendo palabras que reflejaban el contenido despiadado de sus pesadillas, un conmovedor y atemorizante frío recorría su magullado y agotado cuerpo, desde sus raíces que entran en contacto con la tierra, hasta sus orejas, afortunadas al captar el último latido del viento. Pronto podría reconocer su trágico final.

Miradas fulminantes y pasos cada vez más marcados sobre su espalda hacían más difícil su última voluntad, palpitaciones intensas y desenfrenadas provenientes de su interior dificultaron todavía más su final, el fuego de la piedad comenzó a consumirlo desde sus entrañas, pronto un pequeño charco escarlata comenzó a formarse alrededor de sus pies. Sólo deseaba una segunda oportunidad para vivir .La esperanza de su corazón falló.

Cadenas serpenteaban a su acecho, pronto sus piernas quedaron atadas a ellas, su final estaba a punto de sellarse con lágrimas de nostalgia y arrepentimiento profundo; arrastrado por ellas en complicidad con la muerte, fue llevado lejos, lejos, lejos, cada vez más, y más, y más lejos, hasta que los rastros de su cuerpo y su alma dejaron de percibirse y su corazón dejó de latir para conservar el dolor; pronto la tierra comenzaba a reclamarlo pero nadie la oía, el silencio trataba de calmar la disputa causada entre ambas fuerzas, mientras esperan ansiosas su próximo arribo a este mundo.

La pena embargada espera sobre una roca, a la sombra de la muerte, y entre sus manos un pedazo de esperanza que se encontraba perdida.


DICIEMBRE 2011