29 mar 2012

Y solo la lluvia…

Por: L. Carolyn

El viento comenzaba a jalar mi ropa, mi cabello volaba locamente, tratando de seguir el camino del viento, supe entonces que una tormenta estaría por llegar, pero encaprichada por seguir mi camino tome las llaves del auto y corrí a la cochera, Salí rápidamente. Como era de esperarse el tráfico me agarro a mitad de camino, como era posible que tantas personas utilizaran el coche diariamente y que no optaran por el transporte público, la bicicleta o simplemente caminar… pero en realidad no tenía a quien reclamarle yo también estaba utilizando el carro. Después de casi una hora y media me vi, por fin, saliendo de la ciudad los edificios comenzaban a desaparecer y las casas con los muros desnudos, sin pintar y los tejados de lamina se hacían presentes, pronto ya no quedo nada, solo eran largos pastizales de un color amarillento y yo atravesando la carretera a gran velocidad, no pensaba en nada, en realidad no sabía a dónde dirigirme, simplemente manejaba, mi vida siempre había sido dentro de la ciudad y esta era la primera vez que escapaba de esa contaminada y gris selva de enormes edificios y grandes avenidas, continúe mi camino y me percate que en ningún lado había yo visto árbol alguno, todo era árido, no se escuchaba el rumor de algún riachuelo cercano, o de las aves cantando, solo se escuchaba un seco silencio.

Cuando pensé que ya había avanzado demasiado, continué avanzando pero la velocidad nunca bajo, y mientras más subía , veía las cosas debajo de mi más y más pequeñas y entonces decidí detenerme, no había nadie en el camino, había tomado una desviación, un pequeño caminito terregoso que al final me trajo hasta acá, pero el lugar estaba desolado realmente no había nadie aquí, mire por mi espejo retrovisor y me di cuenta que la ciudad de la que había salido había desparecido completamente de mi vista, mis ventanas seguían arriba, pero aun así tenía mucho frío, puse mis manos sobre el volante y arranque de nuevo, seguí subiendo por una colina hasta que de pronto la gasolina se agotó, desesperada baje de mi auto, ahora me encontraba a la mitad de una colina, pero a diferencia de todo el camino que había recorrido, aquí quedaban los viejos huesos de lo que algún día fue un gran bosque, unos enormes y cafés círculos negros se extendían por todo el piso, horrorizada descubrí el por qué no había arboles en todo el camino, todos habían sido talados cruelmente, y habían desaparecido rápidamente, pero mi agonía fue interrumpida por el olor mas deliciosos y exquisito que jamás haya conocido, un olor tan sutil y delicioso, decidí seguirlo, sin pensarlo dos veces me adentre en aquel cementerio de arboles y camine y camine, hasta que el olor era tan cercano que casi podía tocarlo, cerrando mis ojos me deje guiar por él, y cuando este ya me había inundado por completo abrí los ojos y , si, frente a mi estaban pequeñas arbustitos que se extendían e iban creciendo, camine más viendo como los arbustos se convertían en flores, las flores engrosaban su tronco y más adelante, arboles y arboles colmaban mi vista, el aire era tan ligero tan delicioso tan…limpio.

 Llovía, el cielo había retumbado y ahora llovía, las gotas no habían caído sobre mi, ni una sola me había mojado, y por fin, al ver la cima de la montaña, supe que por fin podría ¡RESPIRAR! Acción que hacía ya años había podido hacer. Y al respirar de tal manera, me di cuenta que las gotas besaban mi piel y que ellas me susurraban cosas que solo yo podría escuchar, pues unas lloraban por sus amigos árboles caídos, y otras reían al ver que las personas allá abajo en la ciudad estarían mojados, y tendrían que entrar en sus casas, algunas otras con una exaltación y entusiasmo me contaban lo felices que eran al saber que con su ayuda las semillas se volverían frondosos y hermosos arboles y unas otras con pesadez caían porque aun que sabían que los arboles crecerían el hombre los volvería a cortar, porque sabían que aun que mojaran a los hombres y estos entraran en sus casas ellos seguirían cortando los arboles, porque sabían más que nada que a nadie le importaba, pero todas iban acompañadas de esa triste melodía que me decía que aquel lugar en el que me encontraba era tal vez la ultima colina con árboles, arbustos y flores y por suerte había quedado olvidada para los ojos del monstruo : el hombre…

Caí de rodillas llorando desconsoladamente, pues entonces supe que yo también era un monstruo.


MARZO 2012

20 mar 2012

Gotas antes del escampe

Por: Yexi Windmill.

Yo debía ser siempre joven, debía ser eterna, debía ser pura y cristalina, podría ir al cielo con las almas de los muertos y regresar a la tierra. Nací casi por arte de magia, y me convertí en hogar de pequeños y extraños seres que aprendieron a alimentarse con la luz del sol, y maduraron hasta que fueron capaces de vivir fuera de mí; pero seguían necesitándome, yo era parte de ellos, era parte de su mundo.

Los seres se hicieron grandes, se hicieron complejos, se hicieron variados, yo estaba en todas partes y juntos creamos una armonía. Las plantas eran dulces y me trataban con suavidad, siempre lo han hecho, jamás han sido ingratas. Muchas veces fui difusa como neblina, subí al cielo con los que ahí habitaban y bajé tan estrepitosamente que se ocultaban de mí en cuevas y bajo los árboles. Yo vi la vida cambiar, crecer, extinguirse, todo era perfecto.

Con el paso del tiempo una extraña especie surgió, no era como el resto, esta especie era curiosa y creadora, hallaba cada vez más medios para hacer su vida mejor. Al inicio parecía algo normal, que tarde o temprano debía suceder, crearon civilizaciones y me aprovecharon para ello, sembrando alimento, estableciéndose donde yo fluía; sin mí, ellos habrían continuado cazando y recolectando por siempre. Su nueva visión “superior” me convirtió, literalmente en diosa, ellos veneraban la naturaleza, estaba bien.

No sé cómo fue que todo cambió tan rápido, de pronto ellos descubrieron el poder, el deseo de satisfacción personal, y dieron a la naturaleza un valor burdo y sin sentido, creyendo los ilusos, que los productos naturales pueden valuarse. Ahora me cuesta regresar a la tierra de donde provengo porque gran parte del mundo está cubierto por materiales impenetrables para mí. Cada vez son más y viven a costa de las otras especies, incluso las tratan como inferiores, son como una plaga contra la que no se puede luchar. Me duele tanto que lo que hay en mí muera por su culpa; duele que me obliguen a fluir por tubos estrechos obligándome a seguir el curso que ellos desean ¿Qué sentirían ellos si los encerraran bajo tierra en lugares sucios, llenos de basura y cadáveres?

Y todo esto, para que al llegar a sus casas me traten como si yo fuera la amenaza que debe ser desaparecida del planeta. Sé que me hacen daño, pero no puedo dejarlos, soy parte de ellos…


MARZO 2012

17 mar 2012

Gea.

Por: R.R.

Fue en ese momento que Gea dijo basta y se detuvo. No éramos dignos de vivir y era hora de desaparecer de su superficie. Todo ser vivo perecería, pero Gea siempre puede hacerlos revivir, en cambio a nosotros nunca nos volvería a dejar pisar su piel. Piel que hemos mancillado, lastimado, ensuciado y destruido. Fue por eso que Gea decidió detenerse. Ya no habría noche ni día, y con ello tampoco habría vientos ni mareas. Habría un lado sumido en un oscuro invierno eterno, que mataría de frío a las velas y a las fogatas. Mientras que el otro permanecería en un ardiente día sin fin, que secaría los lagos y los mares. De un lado quedaría un desierto helado, del otro un infierno de fuego.

Gea habló y dijo: “Les di y proporcioné todo con la condición de que vivieran en paz y en armonía con todos los demás seres que caminan sobre mi, incluidos ustedes, mas eso no les importó y decidieron pisotear y destruir todo lo que había a su paso, sin pensar en sus hermanos animales o sus hermanas plantas, y mucho menos en sus hermanos de sangre. Les di infinitas oportunidades y cientos de años para corregir sus errores, pero lo único que hicieron fue seguir consumiendo, destruyendo, matando… Es hora de que cobre lo que me deben. Me deben toda las vidas que han destruido sin ningún motivo, y aún muriendo dos veces, me seguirían debiendo. Nunca crearé otra especie semejante a la humanidad. Parásito carnívoro, virus contagioso, cáncer universal."

Fue así como poco a poco, el calor consumió los mares y quemó los bosques, mientras que del otro lado los lagos y ríos se volvían hielo y las plantas esculturas heladas. Los animales aceptaron su cruel destino, morirían con la esperanza de una vida futura mejor, no para ellos, si no para cualquier otro ser que repoblara a Gea. Mientras tanto los seres humanos que buscaban refugio corrieron hacia la franja del eterno crepúsculo, donde el sol parecía morir pero nunca abandonaba su posición al final del horizonte, mientras que del otro lado las estrellas se asomaban tímidamente. Mas pronto se acabaron entre sí, por comida, por espacio, por ideas, por odio… Y así, solo quedó la vegetación de la zona del eterno crepúsculo mientras que todo lo demás desapareció de la superficie de Gea, o al menos eso parecía. Hubo una niña, una niña cuyo nombre ya no importa. Hubo un niño, un niño cuya procedencia es irrelevante.

Una niña de piel clara que fue instruida para odiar a los negros. Un niño de piel oscura que fue instruido para odiar a los blancos. Dos sobrevivientes, dos seres que desde la cuna se les dijo que odiaran, que discriminaran, que mataran a aquel otro sobreviviente. Dos seres que vieron el horror de la muerte y el odio entre personas, la guerra, la traición… Ellos entendieron, ellos vieron que todo eso era horrible, y ellos dos comprendieron el porque de su exterminio.

La niña y el niño, juntos pidieron perdón a Gea, por todo aquello que sus padres, abuelos y antepasados alguna vez hicieron. Estaban arrepentidos desde el fondo de su alma, arrepentidos por toda la humanidad. Gea vio sinceridad en sus corazones, vio que sus lágrimas eran reales y no falsa hipocresía. Gea supo que habían comprendido, que habían abierto los ojos. Y les dijo: “Es su responsabilidad de ahora en adelante restaurar el mundo, yo les daré todo lo que necesiten con la única condición de que vivan en paz y armonía, nuevo Adán, nueva Eva, este es su mundo, y pueden disponer de todo lo que hay en el, más nunca se crean los dueños. Ustedes no son dueños de Gea, si no todo lo contrario. Tienen la oportunidad de reparar todos los errores del pasado, y si vuelven a fallar, su destino será el mismo, es una promesa, es una advertencia y es un consejo.”

Y después de haber dicho esto, Gea volvió a moverse. Volvió la noche y el día, los vientos y mareas. El hielo se derritió y el agua llenó los ríos, lagos y océanos. Gea dio origen a nuevas plantas y nuevos animales, todo a disposición de la nueva Eva y el nuevo Adán. Y ellos comprendieron la enseñanza de Gea, comprendieron que nunca fuimos expulsados del jardín del Edén, fuimos nosotros los que decidimos destruirlo y desterrarnos del mismo, causando nuestra muerte.

Así, el nuevo Adán y la nueva Eva, iniciaron con la tarea que Gea les había encomendado.


MARZO 2012

11 mar 2012

Cascada.

Por: Sabina Finn.

Introducción.

Creo que todos patearíamos perros si hubieran abusado de nosotros pero… el objetivo del cuento es evidenciar que la violencia genera más violencia.

El viento soplaba en la cara de Alicia mientras ella lloraba, levantándose del piso y arreglándose la blusa. Tenía frío, se sentía completamente humillada, impotente y enojada. Otra vez los hombres, los mismos hombres que siempre la miraban lascivamente desde la tienda de abarrotes. Pero esta vez, en lugar de decirle vulgaridades como de costumbre, habían hecho algo más. La habían acorralado, se habían burlado de ella y otras atrocidades. Alicia terminó hecha un ovillo en el piso, hasta que las sirenas de una patrulla ahuyentaron a los malhechores. Alicia odiaba a los hombres, profundamente. Hoy más que nunca. Como pudo caminó hacia su casa, con la firme decisión de asesinar al siguiente hombre que la disturbara en su andar. Sin embargo, el disturbio no fue un hombre, fui yo. Un pobre perro famélico que le olfateó los zapatos buscando comida. Alicia me lanzó una patada con todas sus fuerzas. Salí impulsado con un aullido desgarrador y, con miedo, corrí hacia la avenida.

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El viento entró en una ráfaga poderosa por la ventana del microbús que manejaba José. Le despeinó el poco cabello que aún tenía así que, molesto, cerró la ventana. El camión venía repleto. Por el espejo pudo ver cómo una anciana sufría con todos los paquetes que cargaba, sin que nadie le ofreciera un lugar para sentarse. Pudo ver a una mujer incómoda y desesperada con un joven desconsiderado que paseaba sus manos por las curvas de ella. Y también a dos niños cargados de paquetes que, con cansancio, miraban por la ventana. Los odiaba a todos, y odiaba a su trabajo. Por eso no le interesaba nada, ni la anciana ni la mujer ni los niños: los despreciaba profundamente. Por ellos estaba ahí. Era culpa de todos, de ellos, del viento, de todo el universo menos de él mismo. Regresó su mirada al camino para verme, un pobre perro famélico que con terror huía de las patadas de una niña recién abusada. Pudo haberme esquivado, sin embargo no lo hizo. Yo también tenía la culpa de sus males. Así que pisó más el acelerador, antes de que algún pasajero pudiera decir algo. Se sintió un golpe en el lado izquierdo del frente del microbús, y luego nada. Nadie alcanzó a escuchar mi segundo aullido, sólo Alicia, que miraba atónita desde el otro lado de la banqueta, sin saber por qué había hecho lo que acababa de hacer.

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Reposé en el piso con la cadera deshecha. El dolor no era mayor al que comúnmente siento por el hambre, así que no me sentí muy desdichado. Sólo decepcionado. No entiendo a los humanos. He encontrado a algunos cuántos que me dan comida. Otros sólo me miran con lástima y me acarician la cabeza. Otros, me patean y me lastiman. ¿Qué es lo que hace diferente a unos de otros? A mí, en general, me parecen todos iguales. Claro que, con el tiempo, he aprendido a huir de los malos. Sí… la maldad se siente. Se siente quiénes viven pateando perros, destruyendo, haciendo sufrir a todo lo que existe, saciando sus frustraciones y su sed de sangre mediante la violencia. Se siente quiénes sólo sufren. Y también se siente quiénes van a darme un poco de comida, algo de agua, o tal vez sólo unas palmaditas en el lomo. Son muy pocos, pero creo que aún los hay. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué se destruye en vez de construir? ¿Por qué se responde a la violencia con más violencia?

“La respuesta está en el viento”… pienso con mi último aliento de canina vitalidad. La respuesta está en el viento….


MARZO 2012

5 mar 2012

Tema del Mes: ¿Qué nos dirían los demás seres en el planeta?


Este mes viviremos el día cuando tanto el Sol como las estrellas se mantienen el mismo tiempo en el firmamento, el equinoccio de primavera. Muchos recordamos ese día como el inicio del calor, del nacimiento de las flores y animales; y del reverdecer de las plantas, sin embargo, gracias a nuestra acción sobre el planeta las diferencias entre las estaciones son ya casi imperceptibles. Lluvias en enero, calor en diciembre, frío en septiembre…

“… el hombre es simplemente un virus…” dice parte de una canción. Más que vivir en armonía con lo que nos rodea, nos hemos dedicado a destruirlo. Hemos demostrado que somos como especie más un parásito que mamíferos. Los demás seres vivos seguramente, si pudieran darse a entender, nos reprocharían nuestras acciones, nos pedirían que dejáramos de reproducirnos como plaga; de maltratar y malgastar lo que nos rodea; de creernos dueños de todo.

Entonces, este mes buscamos que el tema sea: ¿Qué nos dirían los demás seres en el planeta? Y no solo los animales y plantas, incluso las piedras, los ríos, los bosques… Así que envíen sus escritos plasmando los gritos del bosque pidiendo que no lo corten, del tigre rogando que no lo maten, del pingüino que llora viendo su hogar derretirse. Démosle una voz que podamos escuchar a aquellos que nos gritan pero que ignoramos, a las hojas, a los insectos, al agua, al viento, a la Tierra…

Por favor, chéca nuestras reglas para publicar tus escritos en el siguiente enlace: REGLAS DE PUBLICACIÓN.

3 mar 2012

La Caja

Por: Sombra de la Muerte.

Se encontraba Minerva, en una posición fetal perfecta, el haz de luz que penetraba por una diminuta rendija en la parte inferior, dibujaba un semblante lleno de dolor y pesadumbre. El resto de las sombras, se peleaban por apoderarse del cuerpo yaciente en aquel suelo húmedo, en donde las ratas corrían hacia sus escondrijos, en el mismo en que había vivido los últimos años esta persona convaleciente.

Lentamente, volvía a ese miserable intento de superar el grosor de las paredes con una voz carcomida por el pasar del tiempo. Sus gemidos eran demasiado débiles, lo único que se podía conseguir de aquel intento diario, era una sonora y sarcástica burla de su despreciable afán.

Las lágrimas que corrían por su rostro sólo les demostraban a sus verdugos la satisfacción que buscaban, era un festín para ellos ver el sufrimiento humano. La sanción que se les daba a aquellas personas que osaban destrozar las normas, era su ambrosía.

Que absurdo es suponer que una simple mujer sea una amenaza para una sociedad, lo único que cabe mencionar, es el imprescindible castigo que estaba pagando. Era tanto dolor originado por la búsqueda del conocimiento, esta privación de la libertad era el resultado de todas las aspiraciones de alcanzar una independencia de la increíblemente supresión machista.

— ¡Levántate! — Dijo una voz aguardentosa.

En ese momento entró un hombre grande con una máscara, sus manos se extendieron a la maltratada cabellera de Minerva; valiéndose del dolor ocasionado al jalar, la manipuló fácilmente, siendo así, la levantó del suelo y luego la azotó con tal brutalidad que de las encías brotaron sangre y dientes al mismo tiempo.

— ¡Ya sabes que en la caja no se puede escapar nadie, si intentas salir de nuevo, te romperemos cada hueso que te queda! — Volvió a decir el hombre

— ¡Son unos cobardes, le temen a las mujeres! Tantos hombres contra una mujer, que vergüenza — dijo Minerva con una voz fatigada.

En ese momento, Minerva estaba segura de lo que pasaría, ninguna mujer en la caja debía responderle a un militar, mucho menos después del brutal golpe recibido. Teniendo en cuenta eso, había hecho con anterioridad un pequeño escrito trazado en un pedazo de tela con un poco de tinta que fue lo único que pudo llevarse cuando la policía llegó y la golpearon hasta dejarla inconsciente.
En este pequeño escrito solo decía:

“Si muero y no he logrado vivir para salir de este lugar, quiero decirle al mundo que sobre la sangre derramada emergerá la flor de la verdad. Queridas mujeres espero que algún día saldremos victoriosas…”

Después de gritarle al comandante, fue llevada al núcleo de la caja, en donde se le torturó hasta que dijera:

“Las mujeres jamás ganarán”

Dos meses después; llegó la esperada revolución femenina, siendo la caja el primer lugar incendiado, en cuanto al anterior fragmento de tela está guardado para que cada hombre que este en el pabellón de los espejos rotos recuerde que su vida no vale nada y que no se pueden escapar de la tortura a la que los someten.


FEBRERO 2012