23 feb 2012

Yo moriría...

Por: L. Carolyn.

Recostada en el césped, mirando hacia el cielo, los arboles se atravesaban entre las nubes y ella y eso era lo que más disfrutaba, el viento rozando suavemente su piel y el sol, rociaba aquel lugar con un destello hermoso que hacía resaltar las nubes blancas sobre el hermoso cielo celeste, y fue entonces cuando se pregunto, aquella cosa que llega uno u otro día, la misma pregunta que ya todos se habían hecho.

Caminaba por una de las calles que pasaba habitualmente, la música resonaba en sus oídos, la siguiente canción iniciaba, una hermosa tonada de piano que a ella encantaba, las dulces voces que acompañaban tan bella melodía la hacían sonreír haciéndola parecer un poco tonta para los demás que pasaban caminando de prisa a su lado y el viento soplaba deliciosamente, inconscientemente ella caminaba más despacio y veía con detalle las cosas que la rodeaban, observaba con atención las hojas secas que el viento arrastraba cada vez más lejos, observaba como las flores amarillas se agitaban como si la saludaran y veía como las nubes del cielo se movían como si navegaran en el extenso cielo hacia un destino lejano.

Subió hasta el último escalón de la escalera y aun que el edificio solo tenía cinco pisos ella había perdido el aliento, había subido las escaleras demasiado rápido, pero era más su deseo de llegar hasta el último escalón, era casi la hora, abrió en silencio la pequeña puerta no quería ser escuchada por nadie, salió justo a la hora exacta, el sol se encontraba a punto de irse pero aun había luz, el cielo tenía un color naranja, y en las nubes se veía aun más fuerte, las luces de la ciudad ya brillaban, y los edificios se veían todos iluminados, el aire corría libre, todo estaba en silencio.

Y luego de que le llevaron el café, estaba ella hablando con su amiga o estaba sola, pero tomaba la taza con cuidado y miraba su aspecto, se veía caliente y delicioso, lo olía, lo saboreaba sin probarlo, veía a las personas que pasaban por la calle, daba un sorbo y cerraba los ojos para seguir respirando ese delicioso aroma a café tostado, o tal vez era un delicioso te, cualquiera delos dos la hacían feliz, y una vez ese delicioso aroma la llenaba.

Las paginas pasaban una a una así como las manecillas daban la vuelta completa al reloj, y el minutero contaba con un ritmo exacto el tiempo que iba muriendo, las historia la tenía completamente atrapada y la cabeza le dolía ligeramente, pero la emoción que loe causaban las palabras atrapadas en ese papel no la dejaban irse y la convencían de encerrarse con ellas en esa hermosa prisión, y la historia seguía y los actores hablaban, no tenía fin, hasta que ella poco a poco caía dormida, no supo cuando, pero en su sueño la historia continuaba, continuaba hasta abrir los ojos a mitad de la madrugada y darse cuenta que ella estaba ahí… y el libro seguía abierto justo en donde se había quedado…

Y en algún momento alguien le pregunto ¿y tu porque morirías?

Ella recordado sonrió para sí misma, y riendo contesto a su amiga: moriría por hacer lo que amo de esta vida.


FEBRERO 2012

13 feb 2012

El triángulo rosa.

Por: R.R.

Ellos estaban ahora en la cámara de gas, a punto de morir como bien sabían. Pero no estaban preocupados en lo más mínimo, al contrario, se irían con una sonrisa en la boca, un beso en la frente y una mano en la suya. Morirían por haber defendido su amor, amor que en este tiempo, en ese lugar, era considerado perverso. Las SS los habían encontrado a través de una denuncia anónima. Los encontraron besándose en la casa de uno de ellos. Los capturaron, los golpearon y en sus ropas cosieron un parche, un triángulo rosa que indicaba que eran homosexuales.

Ambos eran alemanes, alemanes puros y fácilmente pudieron escapar de esa muerte. Los mismos soldados les decían que si renunciaban el uno al otro, los sacarían, que si los ayudaban a encontrar a más de su clase, los dejarían en libertad y no los volverían a tocar. Pero no, renunciar a su amor era peor que la muerte. Prefirieron soportar el trabajo forzado, la tortura, el aislamiento, el dolor, el sufrimiento, todo… todo menos dejarse de amar.

Que importa la vida si no puedes estar con quien quieres.

Les llegó la hora, junto con los demás “indeseables”. Los desnudaron y los metieron a la cámara de gas diciéndoles que se darían una ducha, pero ellos sabían que no era así. En el campo era un secreto a voces la cámara de exterminio, ya no era necesaria la mentira, todos sabían que iban a morir.

Algunos lloraban, otros rezaban. Pero ellos dos, desnudos, uno junto al otro, de la mano, sonreían. No les iban a poder quitar lo único que valía la pena conservar, su amor. Ni la tortura, ni la muerte, ni el mismo Dios iba a poder separarlos. Vieron en el techo abrirse la escotilla y vieron la cara de un soldado, el cual puso el veneno en posición.

El gas lentamente llenó la cámara. Los niños y ancianos rápidamente murieron, eran débiles. Ellos sentían el dolor en sus pulmones, el mareo, oían los gritos, las toses, los cuerpos cayendo, pero no dejaban de sonreír, no se soltaban las manos.

Cuando supieron que su cuerpo no aguantaría más, un beso y un abrazo los fundieron en la eternidad. Murieron como vivieron, amándose y libres. Murieron defendiendo su derecho de amar y triunfaron. Y así los encontraron, en el piso, besándose, abrazados. El Rigor Mortis hizo imposible separar sus cadáveres, y fueron quemados juntos.

Así, sus cenizas, su polvo se unió al viento, y juntos se fueron. Así, su amor venció hasta a la misma muerte, al encierro, a los perjuicios, a las ideas y a aquel triángulo rosa que los había marcado para morir.


FEBRERO 2012

12 feb 2012

La pequeña casa perdida

Por: Yexi Windmill.

Van al mar, y regresan a casa. Pero casa ya no está ahí, es un lote baldío lleno de escombros. “¿Disculpe? ¿Sabe qué ocurrió con nuestra casa?” preguntan a personas que pasan y apenas responden con una mueca o una mirada; cada una de ellas es distinta y tiene su propia forma de ser, pero nadie es capaz de salir del paso y ayudar a nuestros amigos.

Son dos, los que miran absortos que el estado del tiempo cambia y la gente no. El primero es un sabueso color miel que no tiene dueño ni lo necesita, y no porque se niegue al cariño humano, sino porque sabe que tristemente, entre los hombres ya las relaciones suelen ser puro deseo de posesión. Si él encontrara alguien que lo amara sinceramente, no dudaría en vivir con esa persona. Él se conforma con muy poco y sin embargo vive a todo dar, no necesita juguetes de goma ni trajes ridículos, le basta con un amigo. Y lo tiene.

La que acompaña a nuestro amigo el perro, es una muñeca. Con muñeca no me refiero a una chica muy guapa, esta es, literalmente una pequeña muñeca de trapo. Está muy vieja y sucia, sus ojos son de botón y su vestido está pegado a su cuerpo. No tiene dueño porque ella no es un juguete y como es libre no puede ser un objeto.

Se conocieron cuando el sabueso olfateaba en un tiradero de basura y la encontró, a él le sorprendió que alguien la hubiera tirado, pues le pareció linda y única, un tesoro. Ellos compartieron sus ideas sobre la vida, crearon su pequeño mundo en una caja que encontraron en un lote baldío y se convirtió en su casa. No les importó lo que la sociedad pensaría de un perro y una muñeca que iban al mar, y lograron llegar a la playa.

Cuando regresaron al viejo patio de escombros su caja ya no estaba, y nadie los ayudó a encontrarla. El alcalde les regaló una casa para perro como la de las “familias decentes” pero era plástica y vacía, su caja era especial por los pensamientos que llevaba dentro. Era su casa, en la que habían creado su mundo especial y lleno de color.

Nuestros amigos vagaron en busca de su casa, hasta que un día, se toparon con una fábrica de cajas, mas ninguna como la suya. Allí, un buen sujeto como hay pocos, supo ver que ellos llevaban a todas partes el contenido de su casita perdida. Los llevó a vivir con él, y encontraron que el hogar del hombre era como su caja: lleno de sueños e ideas.


FEBRERO 2012

4 feb 2012

Tema del Mes: Los Ideales.


Febrero inicia, y lo primero que nos viene a la mente es el día de San Valentín, el amor y la amistad, pero alguien realmente sabe quien fue San Valentín? La respuesta es no. Nadie sabe bien a ciencia cierta quien fue este ilustre personaje que se convirtió en santo y que se asocia con el amor. Tradicionalmente se habla de un sacerdote que, en plena persecución a los cristianos en Roma, casaba personas en secreto y, una vez que lo descubrieron, se negó a renunciar a su fe, por lo que fue decapitado. La iglesia católica posteriormente lo convirtió en mártir y luego en santo.

Esta persona, real o ficticia, murió defendiendo lo que el creía que era lo correcto, lo bueno, lo propio y no renunció a sus ideas. Así también tenemos personajes como Galileo con su famoso “Y sin embargo se mueve”, e incluso a Miguel Hidalgo que murió fusilado defendiendo su causa. Estos “rebeldes” decidieron defender su punto de vista a capa y espada, enfrentando incluso a la misma muerte, así que, ¿Hasta donde estarían dispuestos a llegar por una idea? ¿Por qué estarían dispuestos a ser humillados, amenazados o incluso perder su libertad y hasta la vida?

Así pues, este será nuestro tema del mes: Los Ideales. Cuéntenos cuales serían sus motivos para rebelarse, para luchar e incluso para morir con orgullo. Tal vez alguna inconformidad, un amor prohibido, una meta inalcanzable, una pasión desenfrenada o simplemente por querer ser diferente. Díganos, que sería su bandera, que sería su espada y que estarían dispuestos a hacer para defender su ideal.

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