13 feb 2012

El triángulo rosa.

Por: R.R.

Ellos estaban ahora en la cámara de gas, a punto de morir como bien sabían. Pero no estaban preocupados en lo más mínimo, al contrario, se irían con una sonrisa en la boca, un beso en la frente y una mano en la suya. Morirían por haber defendido su amor, amor que en este tiempo, en ese lugar, era considerado perverso. Las SS los habían encontrado a través de una denuncia anónima. Los encontraron besándose en la casa de uno de ellos. Los capturaron, los golpearon y en sus ropas cosieron un parche, un triángulo rosa que indicaba que eran homosexuales.

Ambos eran alemanes, alemanes puros y fácilmente pudieron escapar de esa muerte. Los mismos soldados les decían que si renunciaban el uno al otro, los sacarían, que si los ayudaban a encontrar a más de su clase, los dejarían en libertad y no los volverían a tocar. Pero no, renunciar a su amor era peor que la muerte. Prefirieron soportar el trabajo forzado, la tortura, el aislamiento, el dolor, el sufrimiento, todo… todo menos dejarse de amar.

Que importa la vida si no puedes estar con quien quieres.

Les llegó la hora, junto con los demás “indeseables”. Los desnudaron y los metieron a la cámara de gas diciéndoles que se darían una ducha, pero ellos sabían que no era así. En el campo era un secreto a voces la cámara de exterminio, ya no era necesaria la mentira, todos sabían que iban a morir.

Algunos lloraban, otros rezaban. Pero ellos dos, desnudos, uno junto al otro, de la mano, sonreían. No les iban a poder quitar lo único que valía la pena conservar, su amor. Ni la tortura, ni la muerte, ni el mismo Dios iba a poder separarlos. Vieron en el techo abrirse la escotilla y vieron la cara de un soldado, el cual puso el veneno en posición.

El gas lentamente llenó la cámara. Los niños y ancianos rápidamente murieron, eran débiles. Ellos sentían el dolor en sus pulmones, el mareo, oían los gritos, las toses, los cuerpos cayendo, pero no dejaban de sonreír, no se soltaban las manos.

Cuando supieron que su cuerpo no aguantaría más, un beso y un abrazo los fundieron en la eternidad. Murieron como vivieron, amándose y libres. Murieron defendiendo su derecho de amar y triunfaron. Y así los encontraron, en el piso, besándose, abrazados. El Rigor Mortis hizo imposible separar sus cadáveres, y fueron quemados juntos.

Así, sus cenizas, su polvo se unió al viento, y juntos se fueron. Así, su amor venció hasta a la misma muerte, al encierro, a los perjuicios, a las ideas y a aquel triángulo rosa que los había marcado para morir.


FEBRERO 2012

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