Por: Manuel León.
Era un día normal. Los niños iban a la escuela, sus padres miraban a los infantes entrar a la escuela, y los jóvenes estudiantes partían a sus respectivas escuelas vespertinas. ¿Quién pensaría que aquel día, en el cual todos realizaban sus rutinas comunes, sería el último soplo de vida en para nosotros los humanos? En aquella “magnífica” fecha de consumismo masivo, al que todos llaman ‘San Valentín’ o ‘Día del Amor y la Amistad’, todo comenzó a derrumbarse para chicos y grandes, valientes y cobardes, inteligentes y habilidosos, todos fuimos condenados por aquello que mis amigos llamaban: “El Descenso de la Serpiente”.
A la primera mitad del día (Las 12:00 en horario de 24hrs.) yo me encontraba con mis amigos en el pasillo de la Escuela Nacional Preparatoria 6 ‘Antonio Caso’. Días atrás, yo había planteado la situación hipotética de un apocalipsis ‘Zombi’ y el cómo escaparíamos de ahí. Al principio, todas eran bromas pero después comenzamos a tomarlo con seriedad aunque era sólo una plática.
Dieron la 12:50.
Algunos de mis amigos ya se habían retirado a sus casas y otros fueron a su última clase (en verdad que sería la última, después de tanto decir ‘Maldito profesor hijo de su “tal por cual”. En verdad, extraño esos momentos de juego) y yo me decidí ir con unas amigas a su salón de piano antes de marcharme a casa.
- Entonces, ¿creen que Alan tenga novia? – les pregunte (si soy una mujer, pero eso no tiene importancia ahora).
- Etto – bromeó María con una palabra en japonés que quiere decir ‘pues’ – no sé.
Reí con mis amigas un momento. Nos distrajimos por las risas y nos pusimos a platicar de nuestros respectivos ‘amores’ en lugar de hacer lo que decíamos: ellas entrar a clase y yo irme a mi casa.
El reloj marcó las 13:00.
Del cielo, conseguimos ver cómo un enorme remolino de fuego cayó sobre la Tierra (seguramente en donde había más gente reunida: el centro de la Ciudad de México. Con sólo ese evento, decenas de personas murieron y varios edificios fueron destruidos). Parecía ser una serpiente que descendía hasta la Tierra; daba contantes giros formando una espiral y después cayó en picada hacia ese punto fijo. Aquel fenómeno no provocó la pérdida de comunicaciones, pero las líneas se saturaron por las decenas de personas que llamaban a la vez. Afortunadamente, conseguí mandar un mensaje a mi padre, mi madre y unos cuentos amigos dentro de la escuela.
- Una serpiente a caído del cielo – me decía mi madre por mensaje. En realidad no le presté atención.
Intenté llamarla pero sólo escuche la contestadora de la compañía telefónica que me decía ‘Las líneas están saturadas, por favor espere’. La preocupación de mi amiga se fusionó con la mía, pero teníamos un plan para salir e irnos con cuidado. Aunque decidimos quedarnos adentro, donde no había caos porque los alumnos y maestros parecían calmados ante tal evento.
Después de unos minutos en que nos quedamos bajo la biblioteca, llegó Sandy para mencionarnos que aquel evento también había ocurrido en diferentes ciudades del mundo. Lo supo antes que cayera la Red de Internet y nos dejara completamente desinformados.
El reloj marcó las 14:00.
Mi familia estaba lejos y sólo podía estar con mis amigas en ese momento. No sabía lo que ocurría afuera pero de vez en cuando podíamos escuchar fuera del zaguán que daba a la calle – junto del gimnasio – unos tremendos golpes. No podían ser de ‘muertos vivientes’ pero sí de las personas que querían entrar ya que escapaban desesperadamente de ‘algo’ que los perseguía. En momento como ese, eran más peligrosas las personas vivas que las muertas. Inclusive más que algún ser del amplio Universo.
El reloj marcó las 14:30.
Decidimos acercarnos al enrejado que daba a la calle, por alguna razón todos se habían concentrado alrededor de la cancha de futbol o habían entrado en el gimnasio. Éramos pocos los que nos encontrábamos en ‘pin-pon…eras’. Pero al acercarnos, nos dimos cuenta del porque nadie estaba ahí: algunos estudiantes que habían quedado afuera pedían a gritos entrar a los que cuidaban la puerta, éstos se negaban y permanecían a una distancia segura.
Del otro lado, no sólo alumnos pedían entrar, también los que atendían puestos de comida y restaurantes cercanos. Estábamos seguras que lo mismo ocurría en edificios enrejados cercanos. Nuestra ventaja, algunos guardias de seguridad habían entrado antes que la tragedia comenzara sólo por un anuncio anónimo de un supuesto robo dentro de la escuela. Ellos amenazaban con disparar a quien intentara algo. Pero, ¿Cuánto tardarían en entrar? Aquella reja no soportaría a tantas personas y las armas no tienen balas infinitas.
El reloj marcó las 16:30.
Muchos alumnos están hambrientos. Algunos de ellos junto con unos profesores se han encerrado en el salón de profesores. Los que estamos afuera intentamos matar el hambre comiendo papel o alguna bolsa de fritura que tenga un amigo. Sin embargo no todos pueden apoyarse en uno o moriremos por nuestras propias manos.
El reloj marcó las 20:00.
El sonido de afuera continúa y nosotros nos hacemos diferentes hipótesis de lo que puede ocurrir o quiénes estén afuera. Los que dicen ser ‘realistas’ dicen que la gente es la que intenta buscar refugio pero los ‘ficticios’ tienen dos teorías: zombis o alienígenas.
Para ser sincera, dudo que tengan razón. Hay algo más grande fuera de estas paredes y las personas saben que respetan algún perímetro porque si no lo hicieran, los que estamos adentro de la escuela ya habríamos sido atacados también.
El reloj marco las 20:30.
Todo está oscuro. Tenemos sed y hambre. No sabemos qué hacer. Algunos que dicen ser “amigos” se han peleado y se han separado. Sin embargo, nosotras decidimos entrar en la biblioteca para tener un refugio. Algunos decidieron entrar en los salones y otros han quedado dormidos fuera.
Miré al cielo y conseguí ver algo ahí. Era bolas de fuego que se extinguían conforme se alejaban. Mi abuela decía: ‘cuando el ‘Fin del Mundo’ llegue, aquellos que son llamados brujos volverán a tomar la forma de una bola de fuego, y se elevaran hasta que aquel, con quien hicieron el pacto, los salve extinguiendo su llama.
Pero algo más salió unos minutos después: lo que parecía ser un caballero montado sobre un caballo brillante pasó por el mismo lugar. Manteniendo la distancia con nuestra escuela, pero por qué haría eso un Caballero del Apocalipsis.
El reloj marco las 23:00.
No podía dormir pensando que mi familia está lejos de mí. También mis amigos y, aquel chico al que no le confesé nada. Miré ligeramente hacia el patio y conseguí ver una densa niebla que cubría cada centímetro cuadrado del suelo escolar. Afortunadamente, ese evento seguí manteniendo un perímetro y no entraba en la biblioteca ni en algún otro salón. Pero podíamos escuchar los gritos de los que se habían quedado afuera como si algo les estuviera sacando las entrañas y le causara placer hacerlo.
No sé si pueda soportar ver lo que ocurrirá, pero de algo estoy segura: No es el Fin del Mundo, pero sí el Fin de la Humanidad ante unos seres que no conocemos. Y que, afortunadamente, aun no tengo la desgracia de conocer.
El reloj marca 23:20.
Siempre pensé que ese era el verdadero número de la muerte. Cuando divides el primero entre el segundo, obtienes un triple 6. Además, en un pasaje bíblico de números 23 dice: El infierno te espera.
Estoy segura que todo terminó. Sólo me quedan unos minutos antes que el reloj marque 23:23. Tal vez por eso puedo ver de nuevo a la Serpiente descender, pero ahora con mayor fuerza. Esto será encontrado por quienes sobrevivan (si es que sobreviven) y seré famosa.
Jajá :). Es increíble que hasta en mis últimos momentos, piense en ser mejor que los demás. Adiós a todos. Yo intentaré dormir de nuevo, antes que la Serpiente terminé su segundo descenso.
ENERO 2012
Era un día normal. Los niños iban a la escuela, sus padres miraban a los infantes entrar a la escuela, y los jóvenes estudiantes partían a sus respectivas escuelas vespertinas. ¿Quién pensaría que aquel día, en el cual todos realizaban sus rutinas comunes, sería el último soplo de vida en para nosotros los humanos? En aquella “magnífica” fecha de consumismo masivo, al que todos llaman ‘San Valentín’ o ‘Día del Amor y la Amistad’, todo comenzó a derrumbarse para chicos y grandes, valientes y cobardes, inteligentes y habilidosos, todos fuimos condenados por aquello que mis amigos llamaban: “El Descenso de la Serpiente”.
A la primera mitad del día (Las 12:00 en horario de 24hrs.) yo me encontraba con mis amigos en el pasillo de la Escuela Nacional Preparatoria 6 ‘Antonio Caso’. Días atrás, yo había planteado la situación hipotética de un apocalipsis ‘Zombi’ y el cómo escaparíamos de ahí. Al principio, todas eran bromas pero después comenzamos a tomarlo con seriedad aunque era sólo una plática.
Dieron la 12:50.
Algunos de mis amigos ya se habían retirado a sus casas y otros fueron a su última clase (en verdad que sería la última, después de tanto decir ‘Maldito profesor hijo de su “tal por cual”. En verdad, extraño esos momentos de juego) y yo me decidí ir con unas amigas a su salón de piano antes de marcharme a casa.
- Entonces, ¿creen que Alan tenga novia? – les pregunte (si soy una mujer, pero eso no tiene importancia ahora).
- Etto – bromeó María con una palabra en japonés que quiere decir ‘pues’ – no sé.
Reí con mis amigas un momento. Nos distrajimos por las risas y nos pusimos a platicar de nuestros respectivos ‘amores’ en lugar de hacer lo que decíamos: ellas entrar a clase y yo irme a mi casa.
El reloj marcó las 13:00.
Del cielo, conseguimos ver cómo un enorme remolino de fuego cayó sobre la Tierra (seguramente en donde había más gente reunida: el centro de la Ciudad de México. Con sólo ese evento, decenas de personas murieron y varios edificios fueron destruidos). Parecía ser una serpiente que descendía hasta la Tierra; daba contantes giros formando una espiral y después cayó en picada hacia ese punto fijo. Aquel fenómeno no provocó la pérdida de comunicaciones, pero las líneas se saturaron por las decenas de personas que llamaban a la vez. Afortunadamente, conseguí mandar un mensaje a mi padre, mi madre y unos cuentos amigos dentro de la escuela.
- Una serpiente a caído del cielo – me decía mi madre por mensaje. En realidad no le presté atención.
Intenté llamarla pero sólo escuche la contestadora de la compañía telefónica que me decía ‘Las líneas están saturadas, por favor espere’. La preocupación de mi amiga se fusionó con la mía, pero teníamos un plan para salir e irnos con cuidado. Aunque decidimos quedarnos adentro, donde no había caos porque los alumnos y maestros parecían calmados ante tal evento.
Después de unos minutos en que nos quedamos bajo la biblioteca, llegó Sandy para mencionarnos que aquel evento también había ocurrido en diferentes ciudades del mundo. Lo supo antes que cayera la Red de Internet y nos dejara completamente desinformados.
El reloj marcó las 14:00.
Mi familia estaba lejos y sólo podía estar con mis amigas en ese momento. No sabía lo que ocurría afuera pero de vez en cuando podíamos escuchar fuera del zaguán que daba a la calle – junto del gimnasio – unos tremendos golpes. No podían ser de ‘muertos vivientes’ pero sí de las personas que querían entrar ya que escapaban desesperadamente de ‘algo’ que los perseguía. En momento como ese, eran más peligrosas las personas vivas que las muertas. Inclusive más que algún ser del amplio Universo.
El reloj marcó las 14:30.
Decidimos acercarnos al enrejado que daba a la calle, por alguna razón todos se habían concentrado alrededor de la cancha de futbol o habían entrado en el gimnasio. Éramos pocos los que nos encontrábamos en ‘pin-pon…eras’. Pero al acercarnos, nos dimos cuenta del porque nadie estaba ahí: algunos estudiantes que habían quedado afuera pedían a gritos entrar a los que cuidaban la puerta, éstos se negaban y permanecían a una distancia segura.
Del otro lado, no sólo alumnos pedían entrar, también los que atendían puestos de comida y restaurantes cercanos. Estábamos seguras que lo mismo ocurría en edificios enrejados cercanos. Nuestra ventaja, algunos guardias de seguridad habían entrado antes que la tragedia comenzara sólo por un anuncio anónimo de un supuesto robo dentro de la escuela. Ellos amenazaban con disparar a quien intentara algo. Pero, ¿Cuánto tardarían en entrar? Aquella reja no soportaría a tantas personas y las armas no tienen balas infinitas.
El reloj marcó las 16:30.
Muchos alumnos están hambrientos. Algunos de ellos junto con unos profesores se han encerrado en el salón de profesores. Los que estamos afuera intentamos matar el hambre comiendo papel o alguna bolsa de fritura que tenga un amigo. Sin embargo no todos pueden apoyarse en uno o moriremos por nuestras propias manos.
El reloj marcó las 20:00.
El sonido de afuera continúa y nosotros nos hacemos diferentes hipótesis de lo que puede ocurrir o quiénes estén afuera. Los que dicen ser ‘realistas’ dicen que la gente es la que intenta buscar refugio pero los ‘ficticios’ tienen dos teorías: zombis o alienígenas.
Para ser sincera, dudo que tengan razón. Hay algo más grande fuera de estas paredes y las personas saben que respetan algún perímetro porque si no lo hicieran, los que estamos adentro de la escuela ya habríamos sido atacados también.
El reloj marco las 20:30.
Todo está oscuro. Tenemos sed y hambre. No sabemos qué hacer. Algunos que dicen ser “amigos” se han peleado y se han separado. Sin embargo, nosotras decidimos entrar en la biblioteca para tener un refugio. Algunos decidieron entrar en los salones y otros han quedado dormidos fuera.
Miré al cielo y conseguí ver algo ahí. Era bolas de fuego que se extinguían conforme se alejaban. Mi abuela decía: ‘cuando el ‘Fin del Mundo’ llegue, aquellos que son llamados brujos volverán a tomar la forma de una bola de fuego, y se elevaran hasta que aquel, con quien hicieron el pacto, los salve extinguiendo su llama.
Pero algo más salió unos minutos después: lo que parecía ser un caballero montado sobre un caballo brillante pasó por el mismo lugar. Manteniendo la distancia con nuestra escuela, pero por qué haría eso un Caballero del Apocalipsis.
El reloj marco las 23:00.
No podía dormir pensando que mi familia está lejos de mí. También mis amigos y, aquel chico al que no le confesé nada. Miré ligeramente hacia el patio y conseguí ver una densa niebla que cubría cada centímetro cuadrado del suelo escolar. Afortunadamente, ese evento seguí manteniendo un perímetro y no entraba en la biblioteca ni en algún otro salón. Pero podíamos escuchar los gritos de los que se habían quedado afuera como si algo les estuviera sacando las entrañas y le causara placer hacerlo.
No sé si pueda soportar ver lo que ocurrirá, pero de algo estoy segura: No es el Fin del Mundo, pero sí el Fin de la Humanidad ante unos seres que no conocemos. Y que, afortunadamente, aun no tengo la desgracia de conocer.
El reloj marca 23:20.
Siempre pensé que ese era el verdadero número de la muerte. Cuando divides el primero entre el segundo, obtienes un triple 6. Además, en un pasaje bíblico de números 23 dice: El infierno te espera.
Estoy segura que todo terminó. Sólo me quedan unos minutos antes que el reloj marque 23:23. Tal vez por eso puedo ver de nuevo a la Serpiente descender, pero ahora con mayor fuerza. Esto será encontrado por quienes sobrevivan (si es que sobreviven) y seré famosa.
Jajá :). Es increíble que hasta en mis últimos momentos, piense en ser mejor que los demás. Adiós a todos. Yo intentaré dormir de nuevo, antes que la Serpiente terminé su segundo descenso.
ENERO 2012

