Por: Yexi Windmill.
Van al mar, y regresan a casa. Pero casa ya no está ahí, es un lote baldío lleno de escombros. “¿Disculpe? ¿Sabe qué ocurrió con nuestra casa?” preguntan a personas que pasan y apenas responden con una mueca o una mirada; cada una de ellas es distinta y tiene su propia forma de ser, pero nadie es capaz de salir del paso y ayudar a nuestros amigos.
Son dos, los que miran absortos que el estado del tiempo cambia y la gente no. El primero es un sabueso color miel que no tiene dueño ni lo necesita, y no porque se niegue al cariño humano, sino porque sabe que tristemente, entre los hombres ya las relaciones suelen ser puro deseo de posesión. Si él encontrara alguien que lo amara sinceramente, no dudaría en vivir con esa persona. Él se conforma con muy poco y sin embargo vive a todo dar, no necesita juguetes de goma ni trajes ridículos, le basta con un amigo. Y lo tiene.
La que acompaña a nuestro amigo el perro, es una muñeca. Con muñeca no me refiero a una chica muy guapa, esta es, literalmente una pequeña muñeca de trapo. Está muy vieja y sucia, sus ojos son de botón y su vestido está pegado a su cuerpo. No tiene dueño porque ella no es un juguete y como es libre no puede ser un objeto.
Se conocieron cuando el sabueso olfateaba en un tiradero de basura y la encontró, a él le sorprendió que alguien la hubiera tirado, pues le pareció linda y única, un tesoro. Ellos compartieron sus ideas sobre la vida, crearon su pequeño mundo en una caja que encontraron en un lote baldío y se convirtió en su casa. No les importó lo que la sociedad pensaría de un perro y una muñeca que iban al mar, y lograron llegar a la playa.
Cuando regresaron al viejo patio de escombros su caja ya no estaba, y nadie los ayudó a encontrarla. El alcalde les regaló una casa para perro como la de las “familias decentes” pero era plástica y vacía, su caja era especial por los pensamientos que llevaba dentro. Era su casa, en la que habían creado su mundo especial y lleno de color.
Nuestros amigos vagaron en busca de su casa, hasta que un día, se toparon con una fábrica de cajas, mas ninguna como la suya. Allí, un buen sujeto como hay pocos, supo ver que ellos llevaban a todas partes el contenido de su casita perdida. Los llevó a vivir con él, y encontraron que el hogar del hombre era como su caja: lleno de sueños e ideas.
FEBRERO 2012
Van al mar, y regresan a casa. Pero casa ya no está ahí, es un lote baldío lleno de escombros. “¿Disculpe? ¿Sabe qué ocurrió con nuestra casa?” preguntan a personas que pasan y apenas responden con una mueca o una mirada; cada una de ellas es distinta y tiene su propia forma de ser, pero nadie es capaz de salir del paso y ayudar a nuestros amigos.
Son dos, los que miran absortos que el estado del tiempo cambia y la gente no. El primero es un sabueso color miel que no tiene dueño ni lo necesita, y no porque se niegue al cariño humano, sino porque sabe que tristemente, entre los hombres ya las relaciones suelen ser puro deseo de posesión. Si él encontrara alguien que lo amara sinceramente, no dudaría en vivir con esa persona. Él se conforma con muy poco y sin embargo vive a todo dar, no necesita juguetes de goma ni trajes ridículos, le basta con un amigo. Y lo tiene.
La que acompaña a nuestro amigo el perro, es una muñeca. Con muñeca no me refiero a una chica muy guapa, esta es, literalmente una pequeña muñeca de trapo. Está muy vieja y sucia, sus ojos son de botón y su vestido está pegado a su cuerpo. No tiene dueño porque ella no es un juguete y como es libre no puede ser un objeto.
Se conocieron cuando el sabueso olfateaba en un tiradero de basura y la encontró, a él le sorprendió que alguien la hubiera tirado, pues le pareció linda y única, un tesoro. Ellos compartieron sus ideas sobre la vida, crearon su pequeño mundo en una caja que encontraron en un lote baldío y se convirtió en su casa. No les importó lo que la sociedad pensaría de un perro y una muñeca que iban al mar, y lograron llegar a la playa.
Cuando regresaron al viejo patio de escombros su caja ya no estaba, y nadie los ayudó a encontrarla. El alcalde les regaló una casa para perro como la de las “familias decentes” pero era plástica y vacía, su caja era especial por los pensamientos que llevaba dentro. Era su casa, en la que habían creado su mundo especial y lleno de color.
Nuestros amigos vagaron en busca de su casa, hasta que un día, se toparon con una fábrica de cajas, mas ninguna como la suya. Allí, un buen sujeto como hay pocos, supo ver que ellos llevaban a todas partes el contenido de su casita perdida. Los llevó a vivir con él, y encontraron que el hogar del hombre era como su caja: lleno de sueños e ideas.
FEBRERO 2012
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