3 mar 2012

La Caja

Por: Sombra de la Muerte.

Se encontraba Minerva, en una posición fetal perfecta, el haz de luz que penetraba por una diminuta rendija en la parte inferior, dibujaba un semblante lleno de dolor y pesadumbre. El resto de las sombras, se peleaban por apoderarse del cuerpo yaciente en aquel suelo húmedo, en donde las ratas corrían hacia sus escondrijos, en el mismo en que había vivido los últimos años esta persona convaleciente.

Lentamente, volvía a ese miserable intento de superar el grosor de las paredes con una voz carcomida por el pasar del tiempo. Sus gemidos eran demasiado débiles, lo único que se podía conseguir de aquel intento diario, era una sonora y sarcástica burla de su despreciable afán.

Las lágrimas que corrían por su rostro sólo les demostraban a sus verdugos la satisfacción que buscaban, era un festín para ellos ver el sufrimiento humano. La sanción que se les daba a aquellas personas que osaban destrozar las normas, era su ambrosía.

Que absurdo es suponer que una simple mujer sea una amenaza para una sociedad, lo único que cabe mencionar, es el imprescindible castigo que estaba pagando. Era tanto dolor originado por la búsqueda del conocimiento, esta privación de la libertad era el resultado de todas las aspiraciones de alcanzar una independencia de la increíblemente supresión machista.

— ¡Levántate! — Dijo una voz aguardentosa.

En ese momento entró un hombre grande con una máscara, sus manos se extendieron a la maltratada cabellera de Minerva; valiéndose del dolor ocasionado al jalar, la manipuló fácilmente, siendo así, la levantó del suelo y luego la azotó con tal brutalidad que de las encías brotaron sangre y dientes al mismo tiempo.

— ¡Ya sabes que en la caja no se puede escapar nadie, si intentas salir de nuevo, te romperemos cada hueso que te queda! — Volvió a decir el hombre

— ¡Son unos cobardes, le temen a las mujeres! Tantos hombres contra una mujer, que vergüenza — dijo Minerva con una voz fatigada.

En ese momento, Minerva estaba segura de lo que pasaría, ninguna mujer en la caja debía responderle a un militar, mucho menos después del brutal golpe recibido. Teniendo en cuenta eso, había hecho con anterioridad un pequeño escrito trazado en un pedazo de tela con un poco de tinta que fue lo único que pudo llevarse cuando la policía llegó y la golpearon hasta dejarla inconsciente.
En este pequeño escrito solo decía:

“Si muero y no he logrado vivir para salir de este lugar, quiero decirle al mundo que sobre la sangre derramada emergerá la flor de la verdad. Queridas mujeres espero que algún día saldremos victoriosas…”

Después de gritarle al comandante, fue llevada al núcleo de la caja, en donde se le torturó hasta que dijera:

“Las mujeres jamás ganarán”

Dos meses después; llegó la esperada revolución femenina, siendo la caja el primer lugar incendiado, en cuanto al anterior fragmento de tela está guardado para que cada hombre que este en el pabellón de los espejos rotos recuerde que su vida no vale nada y que no se pueden escapar de la tortura a la que los someten.


FEBRERO 2012

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