20 mar 2012

Gotas antes del escampe

Por: Yexi Windmill.

Yo debía ser siempre joven, debía ser eterna, debía ser pura y cristalina, podría ir al cielo con las almas de los muertos y regresar a la tierra. Nací casi por arte de magia, y me convertí en hogar de pequeños y extraños seres que aprendieron a alimentarse con la luz del sol, y maduraron hasta que fueron capaces de vivir fuera de mí; pero seguían necesitándome, yo era parte de ellos, era parte de su mundo.

Los seres se hicieron grandes, se hicieron complejos, se hicieron variados, yo estaba en todas partes y juntos creamos una armonía. Las plantas eran dulces y me trataban con suavidad, siempre lo han hecho, jamás han sido ingratas. Muchas veces fui difusa como neblina, subí al cielo con los que ahí habitaban y bajé tan estrepitosamente que se ocultaban de mí en cuevas y bajo los árboles. Yo vi la vida cambiar, crecer, extinguirse, todo era perfecto.

Con el paso del tiempo una extraña especie surgió, no era como el resto, esta especie era curiosa y creadora, hallaba cada vez más medios para hacer su vida mejor. Al inicio parecía algo normal, que tarde o temprano debía suceder, crearon civilizaciones y me aprovecharon para ello, sembrando alimento, estableciéndose donde yo fluía; sin mí, ellos habrían continuado cazando y recolectando por siempre. Su nueva visión “superior” me convirtió, literalmente en diosa, ellos veneraban la naturaleza, estaba bien.

No sé cómo fue que todo cambió tan rápido, de pronto ellos descubrieron el poder, el deseo de satisfacción personal, y dieron a la naturaleza un valor burdo y sin sentido, creyendo los ilusos, que los productos naturales pueden valuarse. Ahora me cuesta regresar a la tierra de donde provengo porque gran parte del mundo está cubierto por materiales impenetrables para mí. Cada vez son más y viven a costa de las otras especies, incluso las tratan como inferiores, son como una plaga contra la que no se puede luchar. Me duele tanto que lo que hay en mí muera por su culpa; duele que me obliguen a fluir por tubos estrechos obligándome a seguir el curso que ellos desean ¿Qué sentirían ellos si los encerraran bajo tierra en lugares sucios, llenos de basura y cadáveres?

Y todo esto, para que al llegar a sus casas me traten como si yo fuera la amenaza que debe ser desaparecida del planeta. Sé que me hacen daño, pero no puedo dejarlos, soy parte de ellos…


MARZO 2012

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