Por: Yexi Windmill.
Yo tenía una novia llamada Soledad, aunque hace un tiempo que no hablamos siquiera. Seguramente la has visto alguna vez, es hostil y encantadora, tiene infinitos amantes y no corresponde a ninguno. La conocí poco después de nacer, aunque jamás la advertí antes del día en que me encontré sentado junto a ella. Era yo un chico de doce años, que miraba la pirotecnia de la noche del Festival de las hojas secas. A mi lado estaba Lina, mi primer amor, aunque yo no sabía que lo era… Lina no podía corresponderme, estaba hecha de hojas caídas y en un parpadeo se marchó volando con el viento frío; bajo el triste cielo del invierno, me quedé sentado charlando con las hermanas, Esperanza y Soledad.
Soledad y Esperanza no son amigas y no se parecen en nada, sólo van juntas por la vida, aunque jamás de la mano. Eso significa que sólo puedes tener a una de ellas, si intentas llevarte bien con ambas, alguna alejará a la otra. Esperanza también me parecía atractiva, mas su presencia en mi vida era inconstante, así como llegaba se marchaba, y jamás estaba conmigo en mis momentos de dolor; quizá fue porque no la llamaba conmigo. Y Soledad me sedujo sin esfuerzo, nuestra relación duró muchos años. Es cierto, estaba muy cómodo como pareja de Soledad, pues una vez que estás con ella puedes estar seguro de que no te abandonará a menos que se lo pidas. Cuando nadie más está allí, puedes encontrarla, a cualquier hora, en cualquier lugar. Mas sé muy bien, por experiencia, que sus besos son fríos y huecos, y sus miradas aterradoras. Vivir con Soledad es fácil, pero no conveniente, ella te da muy poco, y exige mucho, para estar con ella debes abandonarte incluso a ti mismo.
Soledad no es vida ni amor, Soledad es sólo Soledad. De niño, ella me llevó al fin del mundo en mis noches de insomnio y me hizo creer que el hombre no tiene a nadie, ni puede confiar en nadie. Con ella crecí, y cuando me convertí en muchacho me inició en los vicios, y me alejó de mi familia y las personas que de verdad me querían, incluyendo a Dalia, una chica de la que me enamoré e hice pedazos con mi hostilidad. Muchas veces cuando salía con Soledad a vagar por barrios desolados, despertaba al otro día en un hotel de mala muerte y me encontraba con Esperanza, que me pedía perdón por haber dejado que me sucediera aquello. Una mañana espantosa, en que no aguantaba la resaca, me molesté con Esperanza, y le grité:
-¡Ya estoy harto de ti! De que vengas a engañarme con cuentos de que lo “sientes tanto”, cuando ya he caído tantas veces en desgracia y no has hecho el mínimo intento por evitarlo ¿No puedes dejarme solo? ¡Ya lárgate!
-¡Pues quédate con tu maldita Soledad!- dijo Esperanza, y se marchó. Pasaría mucho tiempo antes de volver a encontrarla.
No cualquiera lleva a Esperanza en el corazón, sólo los valientes de espíritu noble pueden aspirar a ella. Mucho tiempo yo no me sentí lo suficientemente fuerte como para querer a alguien así, Soledad me había mostrado la adicción y el libertinaje, y estaba acostumbrado a ello.
Yo tenía una novia llamada Soledad, pero hace mucho que terminamos, ya no encuentro en ella nada que valga la pena. La verdad es, que Esperanza es la que ahora mueve mi espíritu ¡Y vaya que es muy hermosa!
MAYO 2012
Yo tenía una novia llamada Soledad, aunque hace un tiempo que no hablamos siquiera. Seguramente la has visto alguna vez, es hostil y encantadora, tiene infinitos amantes y no corresponde a ninguno. La conocí poco después de nacer, aunque jamás la advertí antes del día en que me encontré sentado junto a ella. Era yo un chico de doce años, que miraba la pirotecnia de la noche del Festival de las hojas secas. A mi lado estaba Lina, mi primer amor, aunque yo no sabía que lo era… Lina no podía corresponderme, estaba hecha de hojas caídas y en un parpadeo se marchó volando con el viento frío; bajo el triste cielo del invierno, me quedé sentado charlando con las hermanas, Esperanza y Soledad.
Soledad y Esperanza no son amigas y no se parecen en nada, sólo van juntas por la vida, aunque jamás de la mano. Eso significa que sólo puedes tener a una de ellas, si intentas llevarte bien con ambas, alguna alejará a la otra. Esperanza también me parecía atractiva, mas su presencia en mi vida era inconstante, así como llegaba se marchaba, y jamás estaba conmigo en mis momentos de dolor; quizá fue porque no la llamaba conmigo. Y Soledad me sedujo sin esfuerzo, nuestra relación duró muchos años. Es cierto, estaba muy cómodo como pareja de Soledad, pues una vez que estás con ella puedes estar seguro de que no te abandonará a menos que se lo pidas. Cuando nadie más está allí, puedes encontrarla, a cualquier hora, en cualquier lugar. Mas sé muy bien, por experiencia, que sus besos son fríos y huecos, y sus miradas aterradoras. Vivir con Soledad es fácil, pero no conveniente, ella te da muy poco, y exige mucho, para estar con ella debes abandonarte incluso a ti mismo.
Soledad no es vida ni amor, Soledad es sólo Soledad. De niño, ella me llevó al fin del mundo en mis noches de insomnio y me hizo creer que el hombre no tiene a nadie, ni puede confiar en nadie. Con ella crecí, y cuando me convertí en muchacho me inició en los vicios, y me alejó de mi familia y las personas que de verdad me querían, incluyendo a Dalia, una chica de la que me enamoré e hice pedazos con mi hostilidad. Muchas veces cuando salía con Soledad a vagar por barrios desolados, despertaba al otro día en un hotel de mala muerte y me encontraba con Esperanza, que me pedía perdón por haber dejado que me sucediera aquello. Una mañana espantosa, en que no aguantaba la resaca, me molesté con Esperanza, y le grité:
-¡Ya estoy harto de ti! De que vengas a engañarme con cuentos de que lo “sientes tanto”, cuando ya he caído tantas veces en desgracia y no has hecho el mínimo intento por evitarlo ¿No puedes dejarme solo? ¡Ya lárgate!
-¡Pues quédate con tu maldita Soledad!- dijo Esperanza, y se marchó. Pasaría mucho tiempo antes de volver a encontrarla.
No cualquiera lleva a Esperanza en el corazón, sólo los valientes de espíritu noble pueden aspirar a ella. Mucho tiempo yo no me sentí lo suficientemente fuerte como para querer a alguien así, Soledad me había mostrado la adicción y el libertinaje, y estaba acostumbrado a ello.
Yo tenía una novia llamada Soledad, pero hace mucho que terminamos, ya no encuentro en ella nada que valga la pena. La verdad es, que Esperanza es la que ahora mueve mi espíritu ¡Y vaya que es muy hermosa!
MAYO 2012
wow me encanto tu historia!
ResponderEliminargracias!