13 jun 2012

Upside going down

Por: Yelen XMB

Descendieron por una gran tubería llena de mugre, a las profundidades del mar, donde siempre es de noche y las flores son bizarras sin excepción. El señor anguila con bigote se detuvo a mirar todo con detenimiento, maravillado en especial de lo que no podía ver.

-¡Esto es justo lo que buscaba! Mira cuántas letras que se disparan y explotan con el viento de la arena, la escena es ex– qui- si- ta.

-Pero señor anguila-interrumpió el perro- Las flores están oxidadas ¿ya lo notó? Fíjese bien.

-Oxidadas, oxidadas, oxidadas, perfecto, lo tengo todo anotado- dijo la anguila con bigote anotando sobre sí misma con la punta de su cola.
Era verdad, el color de las plantas no era muy agradable, por estar tanto tiempo bajo el agua se habían llenado de óxido. Las únicas plantas que conservaban su color eran de esos peces planos con rayas negras y amarillas que vagaban en círculos.

-Rayas, arena, rayas, rayas, perro, la anguila…ah, esa soy yo-murmuraba la anguila- ¡Señor perro! ¿Hay otras anguilas que no sean yo?

-¡No digas tonterías! ¡Claro que no!- exclamó el perro- lo más parecido a ti son los animales de ocho patas largas llenas de ventosas, que sueltan tinta negra, así que si ves uno no lo toques.

-¿Tinta de verdad? ¿Salida de un animal?

-Así es, señor anguila –afirmó el perro.

Era natural al curiosidad de la anguila, nunca antes su dueño el perro la había sacado a pasear al mar. La llevaba sujeta con una cadena aferrada a un collar rojo, parecía una delgada y escurridiza bacteria que se enroscaba continuamente, lo hacía porque tenía la esperanza de que bajo el agua las letras se quedaran grabadas en su piel. El vecindario era bellísimo, había corales y libélulas marinas, también algunos claveles y pinos de agua salada. El perro bebía de una botella que llevaba en su mochila y comía algunas almejas que encontraba en el camino.

-¡No! ¡No puede ser! – Se preocupó la anguila – Yo sé que tengo todo anotado, justo aquí, aquí y en todo mi cuerpo, pero no lo veo ¿Y si me quedé ciego?

-¡Qué ridículo es, señor anguila! Le juro por su bigote que está usted en sus cinco sentidos.

-¿Y por qué no lo jura por su sombrero?

-¡Ya basta! ¿Qué está diciendo? ¡Avance!

-Que a veces creo que el mundo está de cabeza y nosotros lo vemos invertido y nos acostumbramos a pararnos en el suelo o en las paredes. Tengo dudas respecto a eso porque cuando me mareo se me va la sangre a la cabeza como si estuviera volteado hacia abajo. Yo creo que cuando nos mareamos es porque estamos a punto de darnos cuenta de que las cosas están al revés.

-¿Cuál revés? ¿Cuál cabeza? ¿Cuál suelo? Tú no tienes pies ni cabeza ni derecho a opinar al respecto –dijo el perro mientras orinaba en una flor plateada y brillante como una moneda nueva

Señor anguila con bigote se calló y continuó nadando. De pronto recordó que las anguilas no podían respirar bajo el agua mucho tiempo, al menos no las anguilas como ella, que era terrestre porque tenía bigote. Pensó preguntar al perro pero temió que lo reprendiera de nuevo y le amarrara más cadenas al collar, además de que el señor perro le había prometido regalarle un sombrero si se portaba bien.

Continuaron caminando por el fondo marino, perro enojado y anguila en silencio. Las flores oxidadas se hicieron cada vez menos valiosas y llamativas, los peces se volvieron tan planos como una caricatura y sus rayas de disminuyeron. Anguila y perro se alejaron de casa segundo a segundo, hasta perder la noción de todo.

Un buen día, llegaron a pararse en el lomo de un Pegaso de mar que los llevó a la superficie, allí, señor anguila logró leer lo que había escrito en su piel y encontró su memoria. El perro ya no podía hablar, hacía mucho que se había ahogado y se movía con engranes. Las flores oxidadas, por su parte, al fin pudieron respirar de nuevo y quitarse el sarro de encima, cuando toda el agua que las aprisionaba cayó súbitamente al espacio.

JUNIO 2012

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