16 nov 2011

Luchamos por un momento más, pero éste siempre se nos va.

Por: Génesis.

Era inevitable, sabíamos muy bien el desenlace de nuestros actos, retamos a una deidad representada por una institución y nunca creímos que lo que estaba por pasarnos fuese real.

Justamente los dos pretendíamos jugar a ser niños libres de nuevo, como en los viejos tiempos, manosear a ése mar de conocimientos y entregarnos a su totalidad, retozar viendo lo infinito del universo, y plantearnos ser parte de un millón de estrellas más, ser fieles a nuestro arte, al arte de amar. Gozamos de la divinidad de ser humanos, el poder ser amados e igualmente odiados.

Supimos la fisonomía de cada uno de los hombres, y que tanto el rey como el papa a los cuales servíamos, contrario a lo que algún día creímos, eran tan imperfectos como nosotros, ellos igualmente necesitaban comer y defecar, y su cuerpo contenía vísceras como toda la muchedumbre que los reverenciaba.

Apostamos al raciocinio humano, pero con lo que nos enfrentamos fue con el flagelo de la mano de tu Dios, un Dios inclemente y vengador.

Ante ésto, nosotros no tuvimos miedo ante la resolución. Guillotinar nuestros cuellos era la salvación a nuestra transgresión.

Nuestro pecado fue el saber, nuestra razón e intuición.

Antes de ser llevados al cadalso donde nuestro verdugo, la erudición, pondría fin a nuestra existencia, luchamos por un momento más, un momento más de pasión, y de amor, pero éste siempre se nos va, se nos escapa como mis lienzos al fuego, y con desconsuelo como Juana I de Castilla dimos un último grito de emancipación y nuestras voces, no se volvieron a escuchar en ninguno de los ecos de esta mazmorra.

Tú serás la única que me acompañe en mis reminiscencias, y en el momento de mi muerte me acordaré de lo bella que fuiste cuando comenzamos a ser uno, la manera en que me sacudiste con tus colores y melodías, y sólo tú serás mi única cómplice, y mi único amor, mi amor a ti, a mi Arte.

Puedo asegurar en éste momento que su intención era poseer nuestros conocimientos comiéndose mi cerebro en secreto.

La naturaleza tiene su propia religión; el Evangelio de la Tierra, y nuestra naturaleza tan arbitraria de humanos no comprende el significado de ésto.

NOVIEMBRE 2011

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