Por: Manuel León.
Hace tiempo que vivimos con miedo. La gente que conozco: mi familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo; todos ellos me acompañan en este terrible mundo donde todos corremos el riesgo de ser “llevados”. En verdad, ¿es este el mundo dónde vivirá mi segundo hijo?; no es por nada pero preferiría que ese niño no naciera a que viera estas tierras gobernadas por la Inquisición.
¿Santa Inquisición? ¿Es acaso una broma llamarle así a tal tribunal? Todos sabemos que no hay justicia y que aquello a lo que le dicen “Santa” no es más que un adjetivo para embellecer aquel nombre. Sin embargo, nadie dice nada por miedo a que nos acusen de ser herejes y condenados a algo peor que la muerte.
Justamente, ayer unas personas llegaron a la puerta del vecino de enfrente: no tocaron amablemente como era de esperarse, entraron con la mayor brutalidad que les fue posible y se lo llevaron encadenado. Como era de esperarse, la gente se alejaba y murmuraba entre sí rumores que podrían ser falsos, pero de igual manera les servían a los inquisidores para acusarlo de un caso de herejía peor.
Cada noche intento ahogar los gritos que provienen del calabozo de la Inquisición. Dicen que no se escuchan los gritos durante el día ya que están bajo tierra siendo cuestionados. Pero durante la noche, se pueden oír los gritos de desesperación de todos aquellos que son “llevados”; sólo Dios sabe lo que ocurre ahí dentro, aunque de algo estoy seguro: una vez que entras ahí, sólo sales para morir.
Me repugna que nos obliguen a asistir a la plaza sólo para ver como un inocente es ejecutado; no de una forma humana ya que se les a considerado “engendros de Luzbel”. A pesar de ello, la gente no puede ocultar su mirada porque serían acusados de herejía por quien estuviera junto de él o ella. Nadie se atrevía a defender a sus seres queridos por la misma razón: miedo.
¿Buscar herejes? ¿Sabrán acaso que un acusado entre cien podría ser culpable de lo que se le acusa? ¿Sabrán que están cometiendo el mayor número de asesinatos hasta este momento? ¿Serán decenas o centenas las personas que mueren bajo el filo de una supuesta justicia? No lo sabré jamás. A mis 25 años tengo miedo de esos crueles.
No sé, en nombre de qué dios estén actuando; pero no de aquel que nos han inculcado. Dios quería que fuéramos libres y felices desde que envió a Jesucristo, pero ahora no tenemos libertad ni felicidad. Sinceramente, no sé cuando la tuvimos o la tendremos.
Si pudiese decirle a todos sin miedo lo que opino me ganaría un pase directo al infierno, no aquel donde avisa Luzbel sino al que llevan los inquisidores. ¿Es en nombre de Dios o en nombre de ellos?
NOVIEMBRE 2011
Hace tiempo que vivimos con miedo. La gente que conozco: mi familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo; todos ellos me acompañan en este terrible mundo donde todos corremos el riesgo de ser “llevados”. En verdad, ¿es este el mundo dónde vivirá mi segundo hijo?; no es por nada pero preferiría que ese niño no naciera a que viera estas tierras gobernadas por la Inquisición.
¿Santa Inquisición? ¿Es acaso una broma llamarle así a tal tribunal? Todos sabemos que no hay justicia y que aquello a lo que le dicen “Santa” no es más que un adjetivo para embellecer aquel nombre. Sin embargo, nadie dice nada por miedo a que nos acusen de ser herejes y condenados a algo peor que la muerte.
Justamente, ayer unas personas llegaron a la puerta del vecino de enfrente: no tocaron amablemente como era de esperarse, entraron con la mayor brutalidad que les fue posible y se lo llevaron encadenado. Como era de esperarse, la gente se alejaba y murmuraba entre sí rumores que podrían ser falsos, pero de igual manera les servían a los inquisidores para acusarlo de un caso de herejía peor.
Cada noche intento ahogar los gritos que provienen del calabozo de la Inquisición. Dicen que no se escuchan los gritos durante el día ya que están bajo tierra siendo cuestionados. Pero durante la noche, se pueden oír los gritos de desesperación de todos aquellos que son “llevados”; sólo Dios sabe lo que ocurre ahí dentro, aunque de algo estoy seguro: una vez que entras ahí, sólo sales para morir.
Me repugna que nos obliguen a asistir a la plaza sólo para ver como un inocente es ejecutado; no de una forma humana ya que se les a considerado “engendros de Luzbel”. A pesar de ello, la gente no puede ocultar su mirada porque serían acusados de herejía por quien estuviera junto de él o ella. Nadie se atrevía a defender a sus seres queridos por la misma razón: miedo.
¿Buscar herejes? ¿Sabrán acaso que un acusado entre cien podría ser culpable de lo que se le acusa? ¿Sabrán que están cometiendo el mayor número de asesinatos hasta este momento? ¿Serán decenas o centenas las personas que mueren bajo el filo de una supuesta justicia? No lo sabré jamás. A mis 25 años tengo miedo de esos crueles.
No sé, en nombre de qué dios estén actuando; pero no de aquel que nos han inculcado. Dios quería que fuéramos libres y felices desde que envió a Jesucristo, pero ahora no tenemos libertad ni felicidad. Sinceramente, no sé cuando la tuvimos o la tendremos.
Si pudiese decirle a todos sin miedo lo que opino me ganaría un pase directo al infierno, no aquel donde avisa Luzbel sino al que llevan los inquisidores. ¿Es en nombre de Dios o en nombre de ellos?
NOVIEMBRE 2011
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